viernes, 14 de febrero de 2014

Desconfianza II

Hace ya muchos años y al otro lado del Atlántico, llegaba de madrugada en autobús a Cochabamba,  la ciudad que es lo único que tengo en común con Vargas Llosa, a. "Varguitas", a saber, que jugara un papel relativamente importante en mi juventud. Un desgarbado joven pasó por delante mío casi corriendo y, al parecer, se le cayó un fajo notable de billetes de banco. Inmediatamente, alguien que venía detrás de mi me preguntó si aquellos dineros ("aquella plata") eran míos y le dije, con toda tranquilidad, que no, que eran del joven que había reducido ligeramente la velocidad de su marcha. Seguí mi camino y ahí quedó la cosa que, evidentemente, formaba parte del conocido "timo de la estampita", que no sé cómo se llamaría en Bolivia. El protocolo incluía que el que me seguía me habría hecho ver que el joven atolondrado tenía disminuidas sus facultades mentales y que podíamos repartirnos aquel dinero. Incluso que me lo podía quedar yo todo, aunque, eso sí, él pedía que yo soltase algunos billetes de mi bolsillo para compensarlo o, incluso, para compensar al correntón. Mestizos ("cholos") ellos y yo blanco (criollo, q'ara), me hacia blanco ideal para el dicho timo.
Ayer me llamaron por teléfono de parte de la empresa que me suministra una energía para decirme que hoy pasarían a ver el contador instalado en mi casa. Suelen enviar antes una carta y después llaman para asegurarse de que hay alguien en el domicilio. Esta vez no hubo carta y, además, la amable voz femenina quiso asegurarse de que mi casa era el 31, cuando es el 33, cosa, por otro lado comprensible dada la instalación de su energía. Para completar el mensaje, la voz me dijo que el empleado que vendría hoy a partir de las 12 (escribo a las 11:30) traería una oferta para añadir a aquella energía otra más, que también comercializa la misma empresa. "Ningún problema", le dije, "pero que me lo traiga por escrito y lo estudiaré".
No creo haber sido entonces un paranoide ni serlo ahora, pero la desconfianza nace también del conocimiento de casos anteriores. Hace poco hablaba aquí de la epidemia de desconfianza en la política, la empresa, las finanzas, la justicia o los medios de comunicación. Una de las razones para tal desconfianza la veía en el comportamiento previo de algunos actores dentro de cada uno de esos campos y sus múltiples combinaciones (finazas-política, medios-empresa, justicia-finanzas-política etc.). En mi caso cochabambino yo no partía de desconfianza ante las personas que encontraba al amanecer en mi ciudad, pero sí conocía antecedentes sobre el "timo de la estampita", amén de que mi interés por aquel fajo de billetes era cero. En el caso de esta mañana conozco antecedentes sobre la feroz competencia entre empresas energéticas para ganarse clientes, para lo cual no dudan en hacerse pasar por empleados de la competencia para atraer al incauto a la propia. Veremos qué pasa.
Eso sí: ayer, que tuve que ir al Banco a poner orden en mis magras cuentas, le dije a la empleada que disculpase si me mostraba desconfiado. Por su parte, ella me mostró el cuestionario que ahora pasan a los que abren fondos de inversión o plazos fijos. El gato escaldado, del agua fría huye...
... pero se puede equivocar y, de hecho. se equivoca. Un buen ejemplo de que "duda metódica" no significa paranoia. Duda metódica significa evaluar críticamente las opciones sin dar por supuesto que una de ellas (la positiva o la negativa) vaya a ser la real. Escrito a las 13 horas, el empleado de la subcontrata de la empresa que me llamó ayer me ha visitado, ha hecho la revisión completa y detallada de la instalación, me ha comentado que la otra empresa subcontratada que recogía los datos de los contadores ha hecho una regulación de empleo y no me ha dicho nada sobre la otra fuente de energía. Mis sospechas se han demostrado falsas. Me da la impresión de que lo que no quería es que yo diese de baja ese servicio de inspección, pero igual eso ya es desconfianza paranoide por mi parte. El hecho es que no ha sido una maniobra de la competencia.

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