miércoles, 19 de febrero de 2014

De amigos y enemigos

La próxima vez, cuando se le intente convencer de que una determinada religión o ideología está detrás de “nuestros” enemigos, tómeselo con calma. Hubo un tiempo en que el enemigo era el comunismo internacional, todo él, sin matices. Caído en su versión soviética, y después de algunos titubeos, se dio paso al convencimiento de que el enemigo era el islamismo en versión radical, es decir, violenta. Con el mismo entusiasmo con que se analizó el carácter intrínsecamente perverso del comunismo (ateo, claro, aunque tengo amigos sacerdotes que militaron en el PSUC), se ha analizado el carácter intrínsecamente malo del Islam en general a partir de lecturas muy particulares del Corán.
Vaya por delante que si una lectura tan sesgada como la que hacen los islamófobos se hiciese de la Biblia cristiana en lo que tiene de común con la Torah judía, las conclusiones serían parecidas. Violencia, venganza, genocidio son comportamientos que, cuando los hacemos “nosotros” con la bendición de Dios o de YHWH, están no solo bien vistos sino incluso fomentados. Al enemigo, ni agua. Pero volvamos a nuestros días y a los enemigos que hemos padecido y, al respecto, no vendrá mal recordar qué ha sucedido con los talibanes y con Al Qaeda.
Los talibanes fueron los aliados de los Estados Unidos cuando el gobierno de Afganistán era comunista, el Ejército Rojo soviético acudía en defensa de tal gobierno y los talibanes eran una fuerza que se oponía a tal invasión de su tierra perpetrada por los infieles. Hubo dinero para los mismos y, en particular, para un saudita (un tal Osama ben Laden) que en una base de datos llevaba las cuentas de tales ingresos. Al Qaeda significa La Base. Eran, pues, “nuestros” aliados, así que eran “buenos” y se fomentó entre ellos el rechazo al infiel y la obligación de la lucha (yihad) no solo para el propio perfeccionamiento sino también contra el infiel.
Pero cambiaron las tornas y descubrimos que los talibanes eran una sarta de fundamentalistas, retrógrados y fanáticos así que los perseguimos como perseguimos a Al Qaeda que había cometido la barbaridad del 11-S.
Las idas y venidas de Al Qaeda y sus franquicias (porque no se trata de una organización jerárquica, sino de una red relativamente poco estructurada) son dignas de mención en el caso de Siria. Mientras el gobierno de Al-Assad fue el enemigo a batir, la franquicia local de Al Qaeda fueron “nuestros” aliados. Sí. Como suena. Pero, de cara a las conversaciones de paz, hubo que distinguir entre “violentos” y “moderados” y reducir el estigma contra Al-Assad ya que el yihadismo en Siria podría ser un enemigo más urgente a batir que el gobierno de Damasco. Ahora ya distinguimos entre “Estado Islámico de Iraq y el Levante” y Jabhat al-Nusra
Son dos ejemplos del papel muy secundario que tiene la ideología a la hora de declarar amigos y enemigos. Si se quieren más, se puede incluir el apoyo que Kissinger dio a gobierno comunista chino contra la Unión Soviética o el de esta al gobierno militar argentino en el episodio de las Malvinas/Falklands. O Rajoy apoyando a Erdogan. Se trata de que el amigo de mi amigo es mi amigo, el enemigo de mi enemigo es mi amigo y el amigo de mi enemigo es mi enemigo…mientras no cambie la cosa.
Por ejemplo, está cambiando la relación entre Arabia Saudita e Israel. Ahora hay un acercamiento, con lo que el wahabismo podría dejar de ser el malo-malísimo que podría haber sido. Y está cambiando la relación Estados Unidos-Israel a pesar de los dineros que el lobby judío inyecta en el sistema político estadounidense y del que da buena cuenta la página de OpenSecrets (que ya me gustaría tener una página así para España –incluyendo a Cataluña- para saber de dónde viene el dinero legal, internacional e ilegal de cada partido).
Confieso que no tengo las ideas claras al respecto. Es un galimatías de aliados cambiantes, frankensteins que se rebelan contra sus creadores y enemigos que surgen de donde uno menos se lo espera, sobre todo si antes han sido amigos. Viceversa, los amigos de hoy pueden ser los enemigos de mañana, así que las empresas de relaciones públicas, dispuestas siempre a explicarnos el carácter benévolo de “nuestros” amigos y el intrínsecamente malo y perverso de “nuestros” enemigos, dedicarán sus esfuerzos para explicarnos que los que antes eran malos, ahora son buenos o al revés. Una vez más hago un alegato en pro de la duda metódica, aplicable a esta colaboración.
(Publicado hoy en el diario Información - Alicante -)

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