martes, 21 de enero de 2014

Razones y sentimientos

Se me cruzan argumentos sobre dos casos distintos y distantes: la situación en Cataluña y las expectativas sobre el fallo de La Haya sobre el conflicto entre el Perú y Chile. Podría añadir el anterior enfrentamiento entre el Perú y el Ecuador por cuestiones igualmente territoriales.
Claro que son distintos. Por un lado, el conflicto se da entre los que dicen "somos parte de España" y los que afirman "no queremos formar parte de España". Como siempre, hay otras posiciones dentro y fuera de Cataluña, pero no voy a entrar en esos mundos. Me basta levantar acta de que, bajo la apariencia de exposición de razones (que es lo que he visto estos días entre dos viejos amigos independentista y no-independentista respectivamente), de lo que se trata es de sentimientos. El nacionalismo es, en efecto, un sentimiento que después las élites políticas manejan, manipulan y orientan en función de sus objetivos políticos a corto plazo en el mejor de los casos y a cortísimo plazo en el peor. Junto al sentimiento popular (catalanista o españolista, dentro de Cataluña y fuera de Cataluña, es decir, que hay cuatro tipos posibles aunque el catalanismo fuera de Cataluña sea más bien raro) están los intereses políticos organizados en partidos y movimientos. Pero hay más: hay grupos sociales: "los de arriba", "los de abajo" y "los de enmedio", por seguir con la terminología que el supuesto Emmanuel Goldstein utiliza en la novela 1984, de Orwell. Por lo general, "los de arriba" intentan arrimar el ascua a su sardina pero sin opciones previas: apoyarán la que, en cada momento, mejor les sirva a sus intereses; un día dirán "menos Estado, más mercado" y al día siguiente dirán "Estado de Bienestar para Ricos" según les convenga, unos días librecambistas, otros días proteccionistas -el caso de las élites catalanas me parece digno de mención a este respecto-. 
Un conflicto sobre secesionistas y unionistas no es un conflicto sobre "de quién es esto": este espacio marino (Perú-Chile) o esta zona amazónica (Perú-Ecuador). Pero vuelven a aparecer elementos comunes. En primer lugar, los sentimientos nacionalistas-territoriales, la "sagrada unidad de la patria" que dirán los españolistas de España (no los españolistas de Cataluña que, como las meigas, haberlos háylos). Después, los intereses de los grupos políticos que pueden usar esos sentimientos como maniobra distractiva o como elemento movilizador en cada momento, poniendo en sordina el asunto cuando así les convenga. Finalmente, los grupos sociales. "Los de abajo" y, sobre todo, "los de en medio" son particularmente vulnerables ante ofensivas propagandísticas de tipo nacionalista (en un sentido u otro, insisto) y creen que sus vidas mejoran y, en todo caso, su autoestima colectiva, si consiguen mantener/recuperar una determinada franja del Planeta que, según todos los datos disponibles, es "nuestra". En el caso Perú-Ecuador, recuerdo el interés que había por parte de unos y otros de "demostrar" lo fundado de las propias posiciones. Pero "los de arriba" tienen otras perspectivas (como en el caso catalán). Por ejemplo, convendrá preguntarse qué grupos económicos (y si tiene sentido hablar de su "nacionalidad") controlan la mayor parte de la pesca en el trozo de mar de la porfía. 
Insisto en el caso Perú-Ecuador aunque sea agua pasada (de momento: en cualquier momento puede resucitarse a partir de los sentimientos heridos de los peruanos que han "cedido" Tiwinza o de los ecuatorianos que han visto mermadas las expectativas históricas). Lo hago porque la solución (provisional, como todo en esta vida) fue creativa y, al mismo tiempo, se basó en cesiones mutuas. 
Lo de Cataluña (vistos los intercambios postales entre estos dos amigos catalanes y sufriendo las posiciones españolistas-españolas) tiene peor arreglo ya que no parece que haya posibilidades de que los respectivos políticos (más de dos, no solo gobierno de Madrid y gobierno de Barcelona) practiquen el pactismo, con lo que, incluso para los españolistas-españoles, tendrán que "conllevar" el problema catalán mucho más tiempo (por usar la frase de Ortega en su discurso en las Cortes de 1932), dando, de nuevo, pie a que los líderes políticos lo utilicen en beneficio propio y las élites económicas naveguen según el viento cambiante de sus constantes intereses económicos que son los del beneficio y, sobre todo y por encima, el poder.
Lo del Perú y Chile, habrá que ver qué dice la La Haya. Si son capaces de un veredicto que NO guste a ninguna de las partes, tal vez se haya dado un paso adelante. Que guste a ambos sentimientos, me temo que no va a ser posible. Encima, no conviene olvidar que en la zona queda abierto otro frente que, en su día relativamente reciente, estuvo a punto de solucionarse pero que las élites políticas abortaron. Me refiero al asunto de la salida al mar por parte de Bolivia.
A lo que voy: los sentimientos son muy respetables, las razones que se basan en sentimientos y arriman el ascua empírica a la sardina sentimental también, pero menos. Pero mala cosa es quedarse atrapados en tal maraña y no ver que hay otros elementos que pueden tener tanta o más importancia que los sentimientos y las razones (históricas, jurídicas) y son los intereses de grupos políticos y sociales. Lo que no acabo de ver es que se diga "nosotros" para hablar de intereses y ese "nosotros" sea toda la nación, estado-nación, nación-sin-estado, estado. Nosotros los catalanes, nosotros los españoles, nosotros los peruanos, nosotros los chilenos es una generalización excesiva para mi gusto.

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