miércoles, 15 de enero de 2014

Preguntas sobre el paro

Comencemos por la más sencilla: El paro, ¿es bueno o malo? Juan Torres López enseña a sus estudiantes a responder, ante preguntas de ese tipo, con un “depende”. No se trata de escurrir el bulto, sino de darse cuenta de que, en este caso, el desempleo es malo para el que lo sufre. Sin duda alguna. Pero, como ha explicado dicho autor en un reciente artículo, es bueno para los que se aprovecharán de él para bajar salarios, aumentar la precariedad, imponer condiciones de trabajo denigrantes o, sencillamente, utilizar el miedo al paro para crear obediencia ciega.
Ahora demos un paso más y preguntemos si el paro se reducirá cuando haya crecimiento económico o, si se prefiere, si el empleo aumentará con el aumento del Producto Interno Bruto, razón por la que, los que quieran luchar contra el paro tendrían que procurar fomentar el crecimiento económico. Pues bien, un igualmente reciente artículo, esta vez de Jared Bernstein, aporta algunas matizaciones. El trabajo en cuestión indaga sobre el impacto que la desigualdad puede tener en el crecimiento y viceversa. El tema es relevante ya que, dentro de la desigualdad o relacionado con la misma, está, dice, la educación y el empleo. Trata sobre todo de los Estados Unidos, pero sus conclusiones podrían aplicarse igualmente a España. Pero no es eso lo que quiero subrayar, sino su punto de partida y es que, aunque, en el terreno de la teoría, las relaciones puedan estar claras (aunque hay teorías contrapuestas a rajatable), el autor reconoce que no son cosas fáciles de medir al ser realidades mucho más opacas de lo que se pretende y, en todo caso, que no se puede generalizar de un país a otro. Ni siquiera se puede generalizar, dentro de un país, de una momento histórico a otro. Por ejemplo, y sin salirse de los Estados Unidos, la propensión al consumo puede depender del crecimiento económico, sí, pero también, independientemente, del acceso al crédito fácil.
Así que nos queda una pregunta más complicada: ¿sabe alguien por dónde salir de esta? O, en términos menos directos, ¿hay alguna teoría que explique por dónde superar la “crisis” de manera clara y definitiva? Porque teorías, las hay, pero contradictorias. Mi tercer autor es Yanis Varoufakis que, aunque, como tantos otros, tiene sus respuestas positivas a estas preguntas, o sea, propuestas a seguir, sin embargo proporciona elementos para dudar también de lo que él receta. Obsérvese, de paso, que estoy hablando de académicos, no de políticos, en cuyo caso la propensión a parecer cargados de razón es mucho mayor y, probablemente, con mucho menor fundamento.
Sin embargo, unos y otros se han equivocado numerosas veces tanto en su pronóstico como en las políticas a aplicar. Varoufakis se pregunta, entonces, cómo es posible que, después de tantos fallos, mantengan su aceptación entre el público no iniciado. La respuesta la encuentra en Evans-Pritchard que también se la había planteado respecto a los sacerdotes y adivinos entre los azande, un pueblo africano. Lo que encontró fue que “la contradicción entre experiencia y noción mística se explica refiriéndose a otras nociones místicas“. Varoufakis dice que algo así sucede en nuestro caso: “Por ejemplo, la noción de desempleo natural se creó en los años 80 para explicar el fracaso del mercado para producir pleno empleo y de la economía para explicar tal fracaso. Más en general, el desempleo es una ‘prueba’ de que no hay suficiente competencia, con lo que tendrá que recurrirse a la magia de la desregulación. Cuando la desregulación no funciona, una poción extra de privatización hará el hechizo. Si esto falla,  tendrá que atribuirse a un mercado de trabajo que no está suficientemente liberado del maleficio de los sindicatos y los encantamientos de la seguridad social gubernamental. Y así sucesivamente”. En otras palabras, mucha superstición cuyo choque con la realidad es solucionado con más superstición.
¿Que a dónde quiero llegar? A que, en situaciones dramáticas como las que vive mucha gente ahora, es comprensible que se busquen respuestas fáciles, rápidas y claras y se ande a la caza de mitos que den sentido al más que evidente caos circundante. No pretendo añadir respuestas a las muchas disponibles ni, mucho menos, mitos a los que venerar estén entre los contemporáneos o entre los clásicos. Creo que es preferible, tanto en términos personales como colectivos, introducir la “duda metódica” con la pretensión de no volver a ser engañados. No es un alegato en pro de la no-acción, sino de lo que fue la Ilustración q.e.p.d.
(Publicado hoy en el diario Información Alicante)

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