miércoles, 8 de enero de 2014

Historias de Al Qaeda

Al Qaeda  fue "La Base" (de datos) en la que, dicen, ben Laden anotaba los ingresos que provenían de la CIA para luchar contra el ejército rojo en Afganistán en tiempos de un gobierno comunista contra el que luchaban los talibanes que entonces eran de los "nuestros" y cuyo fundamentalismo fue fomentado por los anglosajones para mejor luchar contra los soviéticos. 
Como Frankenstein, prosigue la historia, los yijadistas se rebelaron contra sus creadores o, para no exagerar, contra los que los azuzaban y Arabia Saudita, cuya nacionalidad tenía ben Laden y la mayoría de los acusados de los atentados del 11-S, apoyó también con dinero y medios hasta que, también en este caso, La Base llevó a sus últimas consecuencias el wahabismo saudita y se revolvió  contra la presencia de ejércitos extranjeros (y tan poco islámicos como lo habían sido los soviéticos) en dicho país.
El apoyo que hasta entonces daban las encuestas a La Base era escaso. Sunitas y chiítas no acababan de ver claro el fundamentalismo wahabita de alguno de sus portavoces. Y entonces llegó la invasión primero de Afganistán (ahora por los ejércitos cristianos) y después la de Irak (con argumentos que hasta los menos informados veíamos como exagerados por no decir falso -y eran falsos y así lo veían muchas personas en la zona-). 
A partir de ese momento Al Qaeda se convirtió no tanto en una organización que el segundo Bush pretendía jerárquica y, por tanto, descabezable, sino en una idea, una franquicia a la que los diversos insurgentes de la zona podían adscribirse recibiendo lo que internet proporciona: redes, información, apoyo, sugerencias, y, sí, medios o instrumentos para lograrlos. Por ejemplo, los viejos islamistas argelinos del FIS cambiaron de nombre y se convirtieron en Al Qaeda en el Magreb Islámico aunque su existencia es muy anterior a la de La Base. Este carácter de "idea" se vio igualmente con los asilvestrados que cometieron los atentados en España y en Inglaterra.
Para completarlo, Arabia Saudita encuentra en Israel un mejor aliado para resolver sus problemas en la zona, con lo que los movimientos rebeldes vuelven con más razón sus ojos hacia Al Qaeda. Es decir, se reduce la financiación de la islamofobia y aumenta la financiación del "anti-terrorismo" mientras se fomenta, de hecho, ese terrorismo.
No se puede negar el papel de los anglosajones en general y de los Estados Unidos en particular no solo en el origen del movimiento sino, sobre todo, en su evolución a partir de las invasiones de Afganistán e Irak. La camarilla de Bush II tuvo, sí, su responsabilidad en la difusión de la idea. Pero la historia continúa.

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