sábado, 18 de enero de 2014

Hablar del tiempo para hablar del clima

Ya he comentado el intento de desautorizar la visión popular del calentamiento global aduciendo el tremendo invierno que padece los Estados Unidos, donde un sistema de relaciones públicas aprovecha cualquier ocasión para hacerlo y evitar reacciones populares ante los efectos de determinadas prácticas empresariales. El asunto llega hasta aconsejar, entre "calentamiento global" y "cambio climático" (que son dos cosas diferentes), que se use la que menos alarma suscite entre la población cautiva y desarmada.
Como aquellos dicen que los que hablan de calentamiento global están sometidos a otro sistema de relaciones públicas (esta vez de ecologistas infantiles y "progres" trasnochados), será mejor no hacer demasiado ruido a propósito de la suspensión tamporal de algunos partidos en el Open de Australia debido a las temperaturas extremas, esta vez en calor.
Argumentar con el tiempo que hace para ver si el clima funciona de una manera u otra me parece poco defendible. Una golondrina no hace ni verano ni invierno. Es la tendencia la que cuenta y esa parece clara según una fuente tan poco sospechosa como el Banco Mundial, que tiene en su página web un apartado dedicado al asunto y con el nombre de "cambio climático". Que el Ártico tiene problemas y que las emisiones de CO2 siguen imparables (como tendencia), me parecen más importantes que el frío estadounidense o el calor australiano. Hablar del tiempo no es hablar del clima.

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