miércoles, 8 de enero de 2014

El empleo como problema

Vamos a suponer que “el mundo es un solo país y los humanos somos sus ciudadanos”. Algo hay de eso si se ve cómo se mueve el dinero: en un solo mundo que permite que el estadounidense Bill Gates, el húngaro-estadounidense George Soros o el mexicano Carlos Slim inviertan en la “región autonómica” llamada España o que Sacyr incurra en calatraveños sobrecostes en Panamá. Por otro lado, si no hubiese un solo mundo para la energía, no nos podríamos ni mover. Y no digamos nada del ámbito en que se produce el calentamiento global y su posible secuela de cambio climático: que no conocen fronteras. Pero incluso para el menos mundial de los factores de producción, la mano de obra, hay elementos mundiales: si en 1990 emigraron 154 millones de personas a escala mundial, el año pasado llegaron a 232 millones, con todos los dramatismos de la migración ilegal incluidos.
A nadie se le escapa que esas “regiones autonómicas” a las que llamamos “estados” mantienen capacidad de decisión y, por tanto, de destrozar o salvar a su país de algunos de los efectos del viento general. Y, con la que está cayendo, que dentro de esos “estados” hay numerosos casos de movimientos políticos que también quieren ser “estado”. En cuatro continentes por lo menos. Pero como es imposible hacer un mapa a escala 1:1, me voy a concretar en un aspecto de ese viento general: el que tiene que ver con el empleo.
Para ello voy a usar un informe que hizo Gallup el año pasado en el que exponía los principales “hallazgos” de sus encuestas a lo largo de aquel tiempo y aplicada a unos 140 países. Y me quedo con el tema del empleo.
1. Lo primero que llama la atención es que el empleo ha disminuido a escala mundial. En 2012, solo un 26 por ciento de la población adulta estaba empleado a tiempo completo por un empleador, un punto menos que en 2011. Puede que se trate de una disminución coyuntural o, sencillamente, de un error de muestreo.
2. Lo segundo que me ha impresionado es que solo un 13 por ciento de estos empleados se siente a gusto con su trabajo. El 63 por ciento no se sienten involucrados: les falta motivación y no se identifican con la empresa para nada. Pero hay más: el 25 por ciento de los empleados entrevistados se clasificaban como “activamente desimplicados”: desgraciados, improductivos y portadores de negatividad.  
3. Si se trata de “buenos empleos” (que haberlos, háylos), se encontrará al doble de varones que de mujeres en los mismos.
4. Desgraciadamente, las perspectivas de encontrar tales trabajos no son muy halagadoras. 57 por ciento de los adultos cree que es mala época para encontrar un empleo. Porcentaje que no cambió respecto al año anterior y que segue tieniendo a la “región autonómica” llamada Unión Europea como espacio con mayores dosis de pesimismo.
5. Derivado de lo anterior, en torno al 20 por ciento de los hogares vive en la pobreza extrema. Es decir, que, según estas encuestas de Gallup, un 22 por ciento de los habitantes de la Tierra viviría con el equivalente de 1,25 dólares al día a paridad de poder adquisitivo.
En breve y a escala mundial, la mayoría de gente que tiene un empleo no se siente a gusto con él. Eso sí: el número de empleados disminuyó (siempre a escala mundial), pero es que, encima, la mayoría de encuestados piensa que es un mal momento para encontrar empleo en su entorno. No extrañe que una quinta parte de encuestados viva por debajo de la línea de la pobreza. Y, añado, con reducciones drásticas, en muchos países, de las ayudas para paliar tales situaciones.
Paul Krugman, refiriéndose a los Estados Unidos también sobre el empleo, hablaba de una “economía del miedo”: miedo a perderlo, miedo a quedarse sin ayudas, miedo a la pobreza. Si lo constatado por Gallup es correcto, ese miedo puede suponerse en muchas más capas de la población mundial, con independencia de las fluctuaciones que pueda haber en sus “regiones autonómicas” llamadas “estados”. Y el miedo es mal consejero. Se trata de un problema mundial al que se le podrán poner parches localmente, pero que tendría que ser abordado mundialmente. Como el otro asunto, el del calentamiento global constatado que puede transformarse en cambio climático mundial. Sin embargo, ni para un tema ni para otro se observan adelantos importantes en las “cumbres mundiales”. Lo que importa es lo local.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicanta- añadiendo aquí los enlaces a las fuentes de Gallup y el New York Times)

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