jueves, 26 de diciembre de 2013

Lenguas y dialectos

Los filólogos seguro que tienen clara la diferencia. Pero en el uso de tales palabras encuentro algunas curiosidades. De mi etapa italiana creo recordar que "dialectos" eran todo aquello que se hablase localmente y que fuese diferente del "italiano estándar" oficial (el florentino, vamos). En sus mejores momentos del franquismo español, dialecto era todo aquello que no fuese el castellano (español). No estaba claro si ahí se incluían los "acentos" locales, pero sí estaba claro qué era lengua y qué era dialecto. 
Por eso me ha resultado divertido encontrar en mi buzón de entrada un correo electrónico con el siguiente texto:
If this E-mail is unreadable or in the language different than your dialect, please click here
O sea que si no podía leer el correo o estaba en un lenguaje o lengua "diferente de mi dialecto", podía cliquear y encontrar allí remedio a mi discapacidad.
La Gran Revolución (la francesa, claro) comenzó con un gran respeto a lo que se hablase en Francia hasta que se entró en una dinámica de "terrorismo lingüístico" (el Abbé Gregoire es paradigmático, aunque sus aportaciones en otros campos puedan tener otra cualificación): solo había una lengua (la francesa, vehículo de civilización y de la libertad) y el resto eran un simple "patois", un dialecto entre los 33 existentes. Habría que leer su Informe sobre la Necesidad y los Medios para destruir los Patois y de Universalizar el Uso de la Lengua francesa.
Por lo visto, los anunciantes que me envían esa publicidad que cito están en la misma línea: hay que universalizar el uso de la lengua inglesa (versión americana: no "queuing" sino "lining up") mientras los "patois" que hablo no hará falta destruirlos, sino que se irán descomponiendo ellos solos: cuestión de tiempo, sin necesidad de "hable usted la lengua del imperio" que es como los franquistas luchaban contra los "dialectos" peninsulares diferentes del español (castellano). Sobre los imperios expansivos (los de verdad, no el franquista de opereta) ya hice un comentario ayer. Añado ahora que no todos lo consiguen ni hay imperio que dure eternamente. Ni siquiera el egipcio o el chino. Ni el inca, por motivos obvios.
Estoy seguro de que, si leyese ahora mi Política lingüística y lenguas minoritarias. De Babel a Pentecostés publicado hace treinta años, encontraría algunas sutiles diferencias con lo que ahora se percibe. Vive la différence.

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