miércoles, 25 de diciembre de 2013

Imperios expansivos

En el solsticio de invierno los incas del Cusco celebraban el Inti Raymi, la fiesta del sol, en el día más corto del año y la noche más larga que daban paso al nuevo año. Estando en el hemisferio Sur, la fiesta era en junio (lo que ahora sería el día de San Juan) y la impusieron en sus conquistas aunque, como es el caso de Otavalo, Ecuador, la fiesta pierda su sentido original ya que se encuentra en el hemisferio Norte. Pero los imperios no han sido muy cuidadosos con esas minucias astronómicas. Les bastaba con que la fiesta legitimara la autoridad del Inca, hijo del Sol.
No se sabe cuándo empezó a celebrarse. Si su iniciador fue el Inca Sapa Pachakutec, podría haber sido hacia el 1100, es decir, bastante después de que el emperador Aureliano, en la Roma imperial y en 274, dedicase un templo al “Sol invictus”, al sol victorioso, y estableciese su fiesta el tercer día después del solsticio de invierno. Es decir, hoy, en el hemisferio Norte. La lógica es parecida a la del Inti Raymi (inti significa sol en quechua), pero su uso político creo que era un poco diferente. De lo que ahora se podría haber tratado era de ganarse a la plebe en general y a la soldadesca en particular, muy interesados en la religión mistérica de Mitra, héroe solar cuya muerte y resurrección era celebrada mediante un banquete para aquellos que habían sido iniciados (bautizados) en dicha religión. Esta religión estuvo muy difundida en el imperio romano entre los siglos I y IV “de nuestra era” y fue, efectivamente, la alternativa más clara al incipiente cristianismo que se irradiaba desde Roma y que fue declarada ilegal en el 391 (la legalización del cristianismo es de 313).
La Navidad, de hecho, empieza a celebrarse, bajo el papa Liberio, en 354, suponiendo, como había sugerido cuatro años antes Julio I, que en ese día había nacido Jesús de Nazaret, el Cristo cuya semejanza con Mitra es evidente aunque, cierto, no total. Por ejemplo, fueron unos pastores los que adoraron a Mitra en su nacimiento. También se relaciona su invención con un intento de alternativa a las "saturnales" romanas.
De todos modos, aconsejo a los que viajan a Roma que visiten la iglesia de San Clemente, cerca del Coliseo, pero que lo hagan con el siguiente itinerario: que bajen, antes que todo, por las escaleras que hay junto a la puerta hasta llegar al último sótano donde se encontrarán las ruinas de un mitreo (templo de Mitra) donde se celebraban los “bautizos” (iniciaciones) y las “misas” (banquete ritual recordando la muerte y resurrección de Mitra) sobre el altar, con referencias a sus siete "sacramentos"; suban después y verán una muy modesta basílica paleocristiana -con grafitis muy curiosos, por cierto-; y solo al final vean la iglesia actual y su espléndido y rico ábside. Tienen una interpretación visual de la historia.
Pero no ha habido fin de la historia. La Navidad y sus belenes mediterráneos (iniciados por Francisco de Asís en 1223) tenía sus competidores europeos, Papá Noel o Santa Claus, que también era fruto de la cristianización de mitos solares y que evolucionan hasta convertirse en algo parecido al Olentzero vasco que trae regalos. La figura llega a España a través de los Estados Unidos (y la Coca-Cola) como ha llegado el Black Friday el mes pasado. Se trata de otra costumbre estadounidense: la de las rebajas que siguen al Día de Acción de Gracias, cuarto jueves de noviembre, que, si no cambian las cosas, acabará celebrándose aquí bajo el imperio del comercio y las ventas. No es la única importación que se ha hecho reconociendo así el peso de los Estados Unidos. Es, no haría falta decirlo, otro tipo de imperio que ya no tiene que matar uno a uno a sus opositores sino que puede hacerlo en masa como en Hiroshima, pero que, como los anteriores, seguro que tiene fecha de caducidad. Lo tuvo el español, llevando belenes y navidades a tierras americanas y lo tuvo el inglés. En términos personales, recuerdo sin ninguna alegría las dos navidades que pasé en Lima, en pleno verano y con alguna ornamentación invernal totalmente fuera de lugar.
Por mi parte, y ya que las cosas podrían cambiar, hace tiempo que mantengo la costumbre de titular el primer artículo del año con el nombre que le adjudica el horóscopo chino, Año de la Serpiente el actual, Año del Caballo el entrante. Este año no, porque tanto hoy como el 1º de enero, que son miércoles que es cuando publico en el periódico de Alicante, no se publican periódicos. Así que el anual de comienzo de año lo traslado al 29 de enero (miércoles) aunque el Año del Caballo no comenzará hasta el 31 de enero de 2014. Pero tampoco hay que tomarse en serio todas las cosas del Inti, el Invictus, Mitra, la Natividad, Santa Claus y el Thanks Giving.

Feliz Navidad

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