lunes, 16 de diciembre de 2013

Cuántas vías hacen falta

En política, lo de "nunca segundas partes fueron buenas" es el planteamiento típico de los que, investidos de razón absoluta, embisten contra todo lo que sea diferente a su absoluta verdad. Son peligrosos porque pueden ponerse violentos y, personalmente, seguro que estoy entre los "malos" en su definición maniquea de la política.
Las "terceras vías", en cambio, se presentan como negociadoras y transigentes. Ahora aparecen entre los Demócratas estadounidenses con gran horror de los que prefieren un mundo dicotómico que, piensan, es mucho más claro. Vistos los destrozos causados por tal "tercera vía" promovida por Blair y articulada por Giddens, tal vez tengan algo de razón los que ahora se molestan por la aparición de aquella "tercera vía".
Pero es que la realidad política, en la medida en que pretende (sin lograrlo nunca y, por supuesto, si es que lo pretende realmente), responder a la realidad social, no se puede quedar ni en dos ni en tres, a no ser que se plantee en términos de la primera opción: Yo tengo la razón, la verdad y la vida. Si no es así, no hay más remedio que reconocer incluso la pluralidad política realmente existente incluso bajo apariencia de dualidad. Por ejemplo, en los Estados Unidos, donde los "dos" partidos son, en realidad, varios partidos, desde el Tea Party que horroriza incluso a algunos Republicanos hasta esta "tercera vía" que horroriza, como he citado, a los progres. Ya serían cuatro (más incluso, a la hora de votar "austeridad" o en minorías), amén de los escaños ocupados por "independientes".
Otra cosa es que unos y otros sean realmente independientes y puedan responder directamente a la realidad social. Pero si la realidad social es la del poder del dinero (incluso para hacer campaña, junto a otras corruptelas conocidas), se entiende que haya un porcentaje tan grande de abstencionistas que, seguro, pueden dividirse, a su vez, en varias categorías: por lo menos, los que están contra tal sistema y los que tienen cosas más importantes en que ocuparse que en tales peleas, como puede ser sobrevivir o subsistir (la abstención es clasista).
Si a las "cinco vías" de Tomás de Aquino nos atenemos, inmediatamente se ve que hay más "vías" (la de Anselmo, la de Pascal). Así que mejor olvidarse de los números. Y, sí, otra cosa es que las leyes electorales (como la estadounidense o como la inglesa) prácticamente condenen a tener solo dos partidos, sea porque la ley deforma la realidad social, sea porque los ciudadanos, sabiéndolo, optan por un voto útil con lo que refuerzan el bipartidismo. Eso sí: oponerse al bipartidismo puede estar bien, siempre que no sea un "quítate tú, que me pongo yo" y lo que se busque sea sustituir a un bipartidismo por otro o, peor, volver al partido único. Eso es practicar la politiquería que se critica.

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