miércoles, 18 de diciembre de 2013

Batalha

Leo un artículo sobre el 30 aniversario de la declaración del Mosteiro da Batalha como Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO. En él se enumeran las diversas actividades que acompañarán la conmemoración, incluida una exposición en varias ciudades francesas con el claro objetivo de promover el turismo a la ciudad portuguesa. Vaya antes una anécdota personal antes de hacer un comentario al artículo.
Hace muchos años tuve que ir a Lisboa al tribunal de una tesis doctoral que había dirigido. Mi balbuciente portugués se debe a que quise hacer mis intervenciones en dicha lengua, pero esa no es la cuestión. La cuestión es que fui en coche desde Alicante, haciendo las convenientes paradas. Una de ellas fue, precisamente, en Batalha donde la visita al Monasterio de Nuestra Señora de la Victoria era (y es)  preceptiva. A la entrada del monumento vimos que los profesores universitarios tenían la entrada gratuita. Mi mujer llevaba el carnet correspondiente, pero yo no. Se lo expliqué al empleado de la entrada que, al oír mi portugués, me preguntó "El señor ¿es español?; "Soy, sí", contesté; a lo que él, con una gran sonrisa respondió: "Adiante", adelante. Y entré gratis. Lo que los dos sabíamos es que el Monasterio fue erigido para celebrar la Victoria de Aljubarrota (1385), que marca la inflexión hacia la independencia del territorio (más o menos) del actual Portugal frente a la Corona de Castilla o frente a España si se prefiere. Lo de "más o menos" se refiere al hecho, común con otras "naciones", de que las fronteras suelen ser problemáticas y se puede seguir discutiendo hasta la actualidad la pertenencia de un pueblo a un lado o a otro de la frontera, con lo que la "nacionalidad" de sus habitantes no deja de ser problemática (y la idea de nación, también).
Volviendo a las celebraciones que se planifican ahora, habrá un simposio. Espero que de historiadores que plantearán la lucha del pueblo portugués "contra" el imperialismo español o castellano (no sé si habrá referencias a la ayuda militar inglesa que recibieron). Pero lo interesante del artículo es que no hay una referencia explícita a Aljubarrota, a España y, en definitiva, a la Victoria. Como suele sucederme, encuentro que los silencios son más interesantes que las palabras.

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