lunes, 23 de diciembre de 2013

Asesinatos judiciales

La pena de muerte es eso. Un castigo excesivo, sea cual sea el delito cometido, ya que el castigador se arroga un carácter divino, la omnipotencia, que no posee, al que se añade la probabilidad de que tampoco tenga la omnisciencia y se trate de un error judicial que vendrá a conocerse una vez muerto el erróneamente castigado.
El informe anual de Amnistía Internacional para 2012 (el de 2013 todavía falta para que se publique) tenía algunos datos sobre estas ejecuciones que merece la pena recordar.
1. Que la pena de muerte sigue en vigor en una veintena de países.
2. Que la China mantiene en secreto sus ejecuciones. 
3. Que algunas ejecuciones, como las llevadas a cabo mediante crucifixión, son particularmente brutales. Arabia Saudita es un mal ejemplo.
4. Que los Estados Unidos se sitúa en quinto lugar en cuanto al número de muertes producidas por tales decisiones judiciales (añado: sin que su evolución guarde mucha relación con la evolución de los crímenes que pretende castigar ejemplarmente).
Por otra fuente, se sabe que el número de ejecuciones se ha ido reduciendo en los Estados Unidos, sea porque el número de estados que la han abolido sigue creciendo, sea porque (mirabile dictum) no es fácil conseguir el producto químico necesario para llevarlas a cabo.


Ya sé que no es un tema muy navideño. Me refiero al de la venganza que implica la pena de muerte.

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