martes, 10 de diciembre de 2013

Actitudes ante la "crisis"

Me llegan al buzón casi al mismo tiempo. Aunque no tratan de la misma "crisis", sí son buenos ejemplos de las actitudes ante las mismas.
La primera plantea una disyuntiva ante la crisis de la Eurozona y la firma un economista "marxista errático" que se autoubica en la izquierda. Trata, eso sí, de la disyuntiva que parece afrontar la izquierda europea a la hora de responder al ubicuo "qué hacer". Porque, dice, hay dos posibilidades para la izquierda: luchar por sacar al propio país de las garras del euro neoliberal y, mejor, acabar con el euro tout court desmantelando la Unión Europea o aliarse con quien haga falta para que la hecatombe que se vendría encima no aumente todavía más el dolor y las penurias de "los de abajo". Es decir, revolución o reformismo, en este último caso colaborando en la estabilización del capitalismo europeo.
La segunda tiene dos actores (antropólogo y politólogo) y si la anterior viene en inglés, esta puede leerse en castellano y en catalán. Parte de una descripción que quiere ser lo más completa posible de la crisis mundial y sus aspectos (desde políticos a ecológicos). Más allá del hecho de publicar en una institución cristiana, no hay confesiones ideológicas como en el caso anterior. Pero sí hay una opción clara por los movimientos sociales como lugar (locus) en el que se construyen las alternativas a un mundo o a un sistema que se viene abajo. La referencia al 15-M español y a la incipiente interrelación entre los movimientos sociales (de Tánger a Nueva York) es directa y la opción por formas más participativas de la política y de la economía es explícita.
¿Dónde está mi problema? Se puede llamar al primero "pesimista de la razón" o "apuesta por el mal menor" y al segundo "optimista de la voluntad" o "apuesta por otro mundo que es posible" o "seguro", como citan a José Luis Sanpedro.
Pues mi problema es doble. En primer lugar, que ambas propuestas son incompatibles tal como se plantean y no solo por el respectivo ámbito de actuación. En segundo lugar, que las dos pasan como gato sobre brasas sobre la actitud más extendida: la de dejar que las cosas sigan su rumbo y, esto, por dos actitudes diferentes, a saber, la de los que ganan con la situación actual (a los que sí se refiere el primero de los textos citados, aunque no en el sentido en que lo hago ahora) y, por tanto, no tienen ningún interés en que las cosas cambien (y el que venga detrás, que arree) y, por otro lado, la de los que, encima de perder con la que está cayendo, no mueven ni un dedo por reaccionar ni en términos de la primera propuesta ni en los de la segunda. Los que se benefician están encantados de todo aquello que distraiga a estos últimos y les mantenga como soportes inconscientes de un mundo, un sistema, una coyuntura o una situación en el que claramente son los perdedores.
Lo que tampoco sé es esto dónde encaja.

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