sábado, 26 de octubre de 2013

Sobre predicciones económicas

La debacle económica de 2008 fue precedida de numerosas predicciones en sentido contrario: la economía iba bien y lo decía desde el Fondo Monetario Internacional a The Economist pasando por la Reserva Federal. Alan Greenspan, anterior director de la misma, parte de esa constatación para preguntarse a qué pudo deberse tal acuerdo en la equivocación. Vale la pena darse una vuelta por su texto. Faltaría más: no dice que los modelos econométricos no sirvan para nada; más bien dice que son preferibles a la "regla del pulgar"; pero el hecho es que han fallado estrepitosamente, con lo que su arrogancia tendría que reducirse.
Greenspan enumera las razones, al margen de la obvia de que hubo "groupthink" y evitando la innecesaria teoría de la conspiración más aplicable a las agencias de "rating". La razón  más clara es que la idea subyacente en tales modelos sobre cómo actúan los seres humanos está básicamente equivocada (no es el único que piensa así). Veblen, un clásico citado por Greenspan -también cita a Keynes, pero de pasada, como introductor de esta econometría-, se horrorizaría al ver el desconocimiento del ser humano que tienen muchos de los que tales modelos ponen en marcha. Curioso que se recurra a autores que desde otras disciplinas son habituales (como curioso es que se descubra el papel de las instituciones en el crecimiento económico que llaman "desarrollo" -vaya novedad-).
Para errores del mismo Greenspan cometidos en el pasado (no de pronóstico, sino de diagnóstico), Paul Krugman da cuenta.
Hay algo más: en otro trabajo se dice algo que es parte del problema
Yet it seems that politicians and economists are too often fighting the last crisis and not the present one, and unfortunately this time that has been a result of a concentrated spread of misinformation about Keynesian economics.
Las ciencias sociales entraron en un proceso de divergencia e institucionalización cuyo precio ha sido alejarse de "análisis concretos de situaciones concretas" enzarzados en disputas de escuela (escolásticas)  y perder fiabilidad en sus "predicciones". Peor son las mías, que confían más en la intuición que en las matemáticas. Por eso también me he equivocado tantas veces. Sin ir más lejos, en vísperas del "shutdown", estaba convencido de que las Bolsas sufrirían un bajón: pues menos mal que no soy el FMI ni el BCE. No por los errores que comparto, sino por el poder e influencia.
(Añadido el 27: en mi primera visita a los Estados Unidos, escuché, de boca de jóvenes de mi edad -entonces yo era todavía más joven que ahora- que la revolución estaba en marcha. Era finales de los 60. Acabo de leer una predicción parecida, pero de ahora. No conviene confundir predicción con voluntarismo o con wishful thinking. La hay también en las predicciones económicas y más si se basan en supuestos falsos defendidos por nobel de economía, según veo a 3 de noviembre).

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