viernes, 18 de octubre de 2013

Los inteligentes también se enamoran

Eso no lo duda nadie. Serán inteligentes, pero no son inmunes a ese enloquecimiento pasajero que es el enamoramiento. Sin embargo, son varios los amigos que me han comentado su asombro ante la irracionalidad de algunos planteamientos nacionalistas o algunos planteamientos religiosos.
Los primeros son los que se llevan: el catalanismo, el españolismo y hay quien me ha añadido el valencianismo. Sus elementos poco racionales son fáciles de detectar. Se trata de sentimientos que  no se avienen a razones: el corazón tiene sus razones que la razón no comprende.
Los segundos me llegan a propósito de los ecos de aquella entrevista del papa Francisco a las revistas de los jesuitas, sus hermanos. Pero en este caso no va con lo que dijo el pontífice sino sobre las reacciones: furibundas unas, sumisas otras, interesadas las de más allá. Lo que asombra a alguno de mis amigos es la absoluta falta de racionalidad en los dos primeros tipos de reacción. En el tercero sí puede verse: se usan aquellas declaraciones para arrimar arteramente el ascua papal a la propia sardina ideológica o política.
El problema que tienen los que se asombran por la falta de racionalidad en los planteamientos nacionalistas o en los religiosos (mosén Xirinachs, senador, decía que ambos sentimientos están en puntos del cerebro muy cercanos el uno del otro) lo tienen porque confunden dos campos distintos aunque sus fronteras no siempre queden claras, sobre todo porque, como se ve en el caso del Papa, hay racionalidades (relación medios-fines) que aprovechan de esos enamoramientos para arrimar el ascua a su sardina. 
Además, hay toda una serie de actividades intelectuales (racionales) que legitiman esos enamoramientos: la historia (ad usum delphini, claro) y la teología. Para el enamoramiento en sentido estricto no se me ocurre, pero supongo que entrarán las feromonas, la supervivencia de la especie y vaya usted a saber.
Lo que sí se me ocurre es que hay modos muy racionales de aprovecharse del enamoramiento ajeno que van desde los favores sexuales a la satisfacción de egos e intereses de todo tipo.

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