miércoles, 16 de octubre de 2013

Desconfianza, irritación, aburrimiento, indiferencia

Que hay un problema, nadie lo duda. Hasta se podría decir que se ha convertido en un tópico. Ya no está tan claro cómo etiquetarlo. Incluso se discute cuál sería el sujeto de la oración con la que se describe: “los políticos”, “la clase política”, “algunos políticos”, “la democracia” o “la política”. Sí se constata la mala opinión que expresan los encuestados  cuando se les pregunta por temas que incluyen esas palabras.
La semana pasada se ofrecía, en estas mismas páginas, una infografía a partir del Barómetro del CIS de septiembre. Recordemos: la situación política española era calificada de mala o muy mala por el 80 por ciento de los encuestados cuyas respuestas, además, permitían una lista de problemas que empezaban por el “paro”, seguían con “corrupción y el fraude”,  los “de índole económica” y “los políticos en general, los partidos y la política”. Y si se les preguntaba cómo veían la situación política en un año, un 46 % contestaba que igual y un 32 % que peor. Los que creen que mejor estaban en el 10 % y otro tanto los que no sabemos.
Para saber habría que ver cómo ha sido en tiempos recientes. Y estos son los resultados del Barómetro de septiembre de 1994, también de mayor a menor: “Desempleo”, “el problema de la droga”, “la situación económica, la crisis, la subida de los precios” y “la corrupción, el fraude, los escándalos políticos”. Ahora los de septiembre de 2003: “paro”, “terrorismo de ETA”, “inseguridad ciudadana” e “inmigración”.
Hay problemas que pueden ser más o menos coyunturales, pero hay uno que aparece como constante: el paro o desempleo, siempre en primer lugar. La corrupción estaba hace 20 años y fueron y son los escándalos y la escandalera montada en su entorno. Pero el problema con la política o los políticos es reciente. En los Barómetros, aparece en primeros puestos solo a partir de 2009. En el de octubre de 2012 se preguntaba por “los sentimientos que, principalmente, inspiraba la política al entrevistado”. La respuesta más frecuente era la de “desconfianza” (45 %), seguida por la “irritación” (15 %), el “aburrimiento” (13 %) y la “indiferencia” (11 %). Hay motivos, entonces, para preguntarse si la cuestión es más o menos coyuntural.
Lo que sé es que no es exclusivo de España. De Italia, mejor no hablar. No hacen falta muchas encuestas para saber qué está pensando la mayoría de los italianos ante los espectáculos que su “clase política” está ofreciendo. En Francia, Hollande cae en aceptación y, probablemente, algo parecido sucede con el “entusiasmo” con la política. En Alemania, Merkel ha, más o menos, ganado, pero se detecta el mismo cansancio con el juego político. En Portugal, se mide por la abstención en elecciones recientes. De todos modos, la palma es para los Estados Unidos.
Gallup daba la lista de problemas y, por orden, eran “gobierno disfuncional”, “economía”, “desempleo” y “déficit”. También proporcionaba las valoraciones de los presidentes desde Truman a la actualidad. La opinión mayoritaria sobre Obama no es muy halagadora, pero mucho peor es la que merecen los congresistas y senadores: solo un 11 % valora positivamente cómo están desarrollando su actividad, tendencia claramente decreciente en lo que va de siglo, por tanto anterior a la “crisis” e independiente de cómo han gestionado el “shutdown” cuyo reloj ha estado haciendo tictac hasta la fatídica fecha de mañana. “Gobierno disfuncional” es una expresión curiosa y ha saltado al primer puesto en esas últimas circunstancias de irresponsabilidad y politiquería extrema.
La cosa, como se ve, es algo más complicada que lo que venían a decir los franceses firmantes del Manifeste Roosvelt del año pasado: “Por desgracia nuestros dirigentes parecen totalmente superados por el fenómeno: ya fueron incapaces de anticipar la crisis de las “subprimes”, hoy son incapaces de proponer un diagnóstico ajustado a la situación, y en consecuencia incapaces por ello de presentar soluciones concretas, a la altura de los retos actuales. Todo sigue como si una reducida oligarquía interesada sólo por su futuro a corto plazo hubiera tomado el mando”.
Y todavía más complicada si se tiene en cuenta esta otra cita: “Está muy claro que las clases gobernantes del mundo son demasiado ignorantes y estúpidas como para ser capaces de ver más allá del tal problema [el del excesivo poder de las finanzas] y demasiado engreídas como para pedir consejo a quienes podrían ayudarles”. Se publicó en 1932 y su autor es Bertrand Russell. Lo que vino después, ya es historia. Historia con mayúscula, diría yo.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Añadido el 17: Tareas para mis inexistentes estudiantes: comparar los datos del Barómetro del CIS de septiembre para España con los datos para NBC-Wall Street Journal de octubre para los Estados Unidos -la muestra española es sensiblemente mejor, dicho sea de paso-)

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