miércoles, 26 de junio de 2013

Mejorar la competitividad

Si el problema es mundial, la solución no puede ser que todos tengan precios más bajos respecto a todos los demás o que todos exporten más sin que nadie importe más o que todos devalúen sus monedas respecto a las monedas de los demás que también las devalúan o que todos atraigan inversionistas extranjeros y nadie invierta. Total, que planteado así, no hay solución. Lo que sí hay son políticas por parte de los diferentes gobiernos intentando mejorar las posiciones de sus gobernados y empresas en ese contexto mundial con lo que la desigualdad seguirá agravando el problema. Véase, si no, lo que sucede con la competitividad, supongamos que de países aunque en realidad es de empresas.
Un producto es competitivo por su calidad y/o por su precio respecto a productos parecidos. La combinación calidad alta / precio bajo es, obviamente, la ideal, aunque haya intentos de competir con productos de baja calidad y precio bajo (lo que serían las tiendas de "todo a 100"). Competir con productos de calidad baja y precio alto es poco razonable, a no ser que el comercio sea "obligatorio", es decir, que las sacrosantas leyes de la oferta y demanda no se cumplan (que, de hecho, no se cumplen en multitud de sectores, empezando por el de la energía). En general, son productos que se comercian en contextos cercanos al monopolio o, como los aeropuertos, de monopolio en la práctica. A lo más, se puede intentar hacer algo con productos de mucha calidad y precio alto: son para ricos, pero, casi por definición, su demanda es restringida aunque el margen de beneficio sea igualmente alto. El ejemplo, en este último caso, serían los coches de gama alta.
1. Es curioso que en las discusiones sobre la competitividad europea (y, por tanto, la española), las medidas más evidentes sean las de reducir los precios. ¿Cómo pueden reducirse? Muy fácil: reduciendo el coste de los factores de producción.  Y estos son: capital, materias primas, mano de obra, gestión y tecnología. En pocas palabras: el dinero que hace falta para la empresa, de qué está hecho el producto, quién lo fabrica, cómo se organiza la producción y con qué medios se lleva a cabo.
Obvio que si el sistema se llama capitalista, el primer factor de producción no va a ser el afectado por los intentos de reducir los precios. La gestión, después de "La revolución de los managers", tampoco. No solo eso, sino que, en muchos casos, van a ver incrementados sus ingresos por encima de lo que los accionistas podrían esperar, una vez se ha desposeído a estos de cualquier poder de decisión (importa este poder, no la propiedad privada de los medios de producción, cosa que ya se vio con "La nueva clase" de Djilas a propósito de los apparatchiks comunistas y se ve en la “boliburguesía” venezolana o el “partido interior” cubano). La tecnología para abaratar costes, supone fuertes inversiones en las universidades: demasiado caro, así que olvidémoslo. Las materias primas son, aparentemente, un factor sometido a la oferta y la demanda, pero, sobre todo en el caso de la energía, van por otros derroteros. ¿Qué queda? Pues reducir los salarios de la mano de obra.
2. Aumentar la calidad supondría mejores sistemas educativos y mayor presencia de investigación en general y de ingenieros en particular, sin olvidar que reducir empleo es reducir la calidad. Ahora me encuentro con un reportaje periodístico en el que empresarios europeos se quejan de que en Europa faltan ingenieros. No importa. Seguiremos bajando precios reduciendo salarios, aunque eso lleve a menor demanda, con lo que la competitividad se deja para el comercio "obligatorio" y, de paso, se legitiman ulteriores bajadas de salarios, tanto directos como sociales. Beneficio hoy, miseria para mañana.

Lo dicho se aplica con más razón al sector de los servicios y turismo y, en particular, al subsector de las nuevas tecnologías, las de la gestión del conocimiento y, claro, a las de los nuevos productos y nuevos procesos productivos. Los cinco factores de producción, prácticamente, quedan reducidos a cuatro ya que la “materia prima” tiene un papel menos evidente. Tecnologías y gestión aumentan su importancia y los salarios de gestores y capitalistas pueden crecer de manera todavía más desmesurada mientras que los de la “mano de obra”, contrariamente, pueden desplomarse todavía más. Es decir, que aumenta la desigualdad, con lo que difícilmente se sale del círculo vicioso ya que la desigualdad ha sido uno de los factores que ha llevado a la situación actual.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante- y añado que en tiempos de Galdós -Fortunata y Jacinta- había tiendas de "todo a real")

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