lunes, 13 de mayo de 2013

Violencia religiosa

Tengo varios amigos convencidos de que el Islam es intrínsecamente violento y que, por tanto, los musulmanes son de temer, sin hacer más distinciones. Su argumento: está en el Corán y basta ver sus prácticas.
Sea. Pero una lectura de otros textos sagrados y una comparación con sus correspondientes prácticas violentas llevaría a pensar que eso se aplica más a los cristianos que a los musulmanes. Vaya primero una cita (son varios los amigos que me envían citas de esa fuente, así que no pasa nada si yo también lo hago)
Las mismas Leyes de Moisés que afirman “No matarás” exigen la ejecución de adúlteros (Deuteronomio 22:22) y de cualquier hombre “que yazga” con otros hombres (Levítico 20:13). O peor aún, el mismo Dios que establece la ley ordena a su Pueblo Elegido que aniquile a pueblos enteros. Obliga al líder hebreo Josué a ejecutar la “maldición de la destrucción” contra la ciudad de Jericó: “Hombres y mujeres, jóvenes y viejos, incluso los bueyes, las ovejas y los asnos, matarlos a todos” (Josué 6:21). El Dios del Universo ordena al Rey Saúl que castigue a los amalecitas por los hechos de sus antecesores: “Ahora, ve y aplasta a Amalec: ponle bajo la maldición de la destrucción con todo lo que posee. No le evites nada, mata a hombres y mujeres, a niños y lactantes, a bueyes y ovejas, camellos y asnos” (Samuel 5:3).
Cierto que, después, Jesús de Nazaret dirá a sus seguidores que nada de "ojo por ojo", sino "presentar la otra mejilla". Pero parece que el "ojo por ojo, diente por diente" (Éxodo 21:24; también el Corán 2:178) , a pesar de este consejo, tiene prioridad en el comportamiento de los cristianos como se narra en el artículo traducido de Counterpunch que he citado más arriba. También ahí se recuerda que hay teóricos seguidores de la norma "ojo por ojo" que la incumplen sistemáticamente, pero en el otro sentido: en el de dar una respuesta desproporcionada al ojo perdido, es decir, dos o más ojos. El gobierno israelí lo hace con cierta frecuencia: se llama "reacción desproporcionada". Pero, qué fue la guerra de Afganistá sino una "reacción desproporcionada" alejada no solo de "presentar la otra mejilla", sino también del "ojo por ojo".
Sigo manteniendo que las religiones no suelen ser causa de comportamiento colectivo alguno. La misma religión tiene etapas más violentas que otras, es decir, una constante (la religión) no puede ser causa de una variable (la violencia, que no es la misma para Urbano II que para Francisco de Asís). Es la política, estúpido. Y, sí, la economía. Y la geopolítica. Y el petróleo. Y la presión demográfica. Y la "acción-reacción". Y la ideología, sí. Y, sí, el fanatismo (variable a lo largo del tiempo: hay que recordar las fases fanáticas del cristianismo, como las hay en el mundo musulmán, y que ambas no aparecieron de la misma forma en todos los países con mayoría de las respectivas religiones). Pero, por tanto, siempre en situaciones concretas, no a partir de lecturas más o menos sesgadas de los respectivos libros sagrados.

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