jueves, 30 de mayo de 2013

Refoluciones indignadas

Encuentro este término en la traducción de un artículo que vale la pena leer. Se refiere, sobre todo, a los casos árabes recientes, pero su discusión puede tener valor para otros movimientos alternativos que he enumerado en otro contexto.
Por un lado, el artículo que cito plantea las tres grandes posibilidades que tienen los movimientos alternativos: la insurrección, la implosión del régimen y el reformismo. Tal vez los casos que incluye en cada categoría podrían estar en otra, pero son las categorías las que me interesan.
Insurrección es el levantamiento que consigue tomar el poder. Necesita una buena organización, liderazgo, propuestas movilizadoras y medios, sí, medios.
La implosión del régimen es algo diferentes. Por presión de los movimientos y sus manifestaciones, pero también por cuestiones internas del poder (división, pérdida de apoyos internacionales, decadencia), el poder existente se viene abajo y su lugar es ocupado por los líderes del movimiento que más cercano se encuentra. (Mi impresión es que más de un caso clasificado como insurrección, es, más bien, un caso de implosión del poder. O, si se prefiere, que estas categorías no son tan exlucyentes como parecería a primera vista).
El tercer caso son las "refoluciones", es decir, los movimientos que tienen muy difícil conseguir el poder o, sencillamente, que no quieren alcanzarlo, sino que quieren reformas políticas, económicas, culturales. Más que movimientos revolucionarios (quítate tú, que me pongo yo) son movimientos reformistas (porfa, arréglame alguna cosa). También aquí se ve que las categorías no son tan nítidas y que algunos reformistas pueden pretender cambiarlo todo (y no necesariamente, para que nada cambie, como diría Tancredi en el Gatopardo): cambio de sistema, no cambio insurreccional.
Es obvio que para conseguir sus objetivos (reales o declarados) se precisan condiciones muy concretas que, de no darse, llevan a los movimientos a la irrelevancia o a la secta. Lo mismo puede decirse de la posibilidad de oportunistas que se suben al carro en el momento oportuno para apropiarse de los trabajos del movimiento. Y, todo hay que decirlo, el artículo insinúa la posibilidad de que, como los cerditos de "Rebelión en la granja" (Animal farm, de Orwell), los nuevos líderes reproduzcan las peores lacras de los anteriores.
Pero el artículo que cito tiene un punto más y es la cuestión sobre las ideologías que precedieron a estos "refolucionarios". Antes, teníamos hasta los 90, tres grandes ideologías revolucionarias: el nacionalismo anticolonial, el marxismo y el islamismo. Ninguno de los tres aparece claramente en los movimientos alternativos contemporáneos. Una ideología es un medio para hacer diagnósticos y proponer alternativas al curso existente mediante la movilización de los grupos apropiados para ello y sus posibles "compañeros de viaje".
Hay críticas aquí al uso de "refolución" para referirse a los casos árabes y una insinuación de que, de aplicarse, se aplicaría a algunos casos latinoamericanos (supongo que a los bolivarianos, "socialismo del siglo XXI", "revolución ciudadana" y demás). Pero me interesó más por las lecciones que se pueden aprender por parte de los "alternativos" que citaba ayer. No solo en España.
La "indignación" es comprensible (como la búsqueda de certezas que se produce en condiciones de  inseguridad e incertidumbre de la que hablaba ayer), pero hace falta plantearse qué tipo de movimiento es y qué ideología tiene, si es que tiene. 

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