viernes, 17 de mayo de 2013

Eurozona: la Gran Confusión

Hay quien tiene las ideas claras al respecto. Yo no.
Sobre el euro. Tenemos argumentos muy fundamentados desde la izquierda española a favor de la salida del euro; hay economistas alemanes que ven muy beneficioso para Alemania que los países del Sur se vayan del euro; hay argumentos muy fundamentados desde la derecha española a favor de la salida del euro. Pero en la izquierda española hay argumentos muy fundamentados contra la salida del euro; hay economistas alemanes que ven muy negativo para Alemania que los países del Sur se vayan del euro; y hay argumentos muy fundamentados desde la derecha española en contra de la salida del euro. Todo ello en la hipótesis de que el euro no implosione, con lo que, muerto el perro, se acabó la rabia.
Cuando se pregunta "quién le pondrá el cascabel al gato" en un sentido o en otro, hay varias respuestas legibles o escuchables: "nadie, que yo sepa" (es la respuesta de los que dan los argumentos más radicales que saben que nadie va a poner en práctica); "nosotros, cuando tomemos el poder" (es para ponerse a temblar: algo así decía el PP en España cuando estaba en la oposición: "que caiga España, que ya la levantaremos nosotros"); "no hay ni cascabel ni gato: hacemos lo que hay que hacer" (lo ha reconocido un miembro del PP ahora ya en el gobierno de España: "en esta crisis no sabemos cuál es la solución"). 
El asunto se complica todavía más cuando entre los que se quieren salir y los que quieren quedarse aparecen los que pretenden ambas cosas: crear una nueva moneda (o volver a la peseta) sin salirse del euro (se propuso para Grecia y por gente respetable). Son los más arriesgados intelectualmente. Políticamente, nadie les apoya.
Respecto a la salida del euro: se puede dar como la solución, aunque, se añade, debería ser acompañado de otras medidas, esas sí altamente improbables; se puede dar como la solución sin más, aunque, eso sí, sin ponerse a evaluar con calculadora los costes inmediatos para cada grupo social; se puede ver como una aberración, por horror al cambio o a las incertidumbres que lo acompañan; se puede excluir de la discusión (es la peor de las opciones, ya que el tema está sobre la mesa; son ganas de mirar a otro lado o de hacer de avestruz).
Pero es que, encima, es la mismísima Unión Europea la que está en discusión: si va a seguir, si se va a transformar, vista su deriva autoritaria, si se va a dividir en las "dos velocidades" (alguna de ellas tal vez con el euro) o si va a desaparecer.
No puedo evitar la impresión de que "nobody is in charge": Alemania ya es más un chivo expiatorio que una locomotora, "Bruselas", a decir de Merkel, son una pandilla de irresponsables, el BCE ya no es lo que era y eso que nunca ha sido lo que tenía que ser, el FMI ídem de lo mismo y el gobierno de los Estados Unidos está preocupado por otros asuntos una vez "cautivo y desarmado el ejército euro". 
Las ciegas fuerzas de la Historia no está claro hacia dónde van. Hacia el subdesarrollo tal vez. Como tampoco está claro quién va a tirar del carro en una dirección u otra o, sí, quién le pondrá el cascabel al gato. 
Conclusión: incertidumbre extrema en medio de la Gran Recesión. Donde no hay harina, todo es mohína.

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