domingo, 26 de mayo de 2013

Estupidez: una anécdota sintomática

Como lectura dominical, ahí va la historia de una impecable estudiante de 16 años que comete la imprudencia de preparar un experimento para la "feria de ciencias" y que, al ensayarlo en los servicios de su instituto, le explota, produciendo un ruido como de fuegos artificiales. La anécdota narra los avatares de la muchacha que, sometida a la política de "tolerancia cero" de su centro educativo, es llevada al director que, a su vez, llama a la policía con lo que la muchacha termina esposada y encarcelada en la comisaría. Por lo visto, el único sensato en toda esta estúpida historia (lo de estúpida es por el calificativo que le propina el autor de la crónica que cito) es el abogado defensor, negro también. La estupidez alcanza, cómo no, a los medios de comunicación locales.
El caso se presenta como una parábola de un país en plena paranoia respecto a los terroristas, exagerado en su "tolerancia cero" y con ligeros toques racistas
No encaja esa visión con la que tengo de mis amigos y conocidos estadounidenses: generosos, trabajadores, simpáticos, inteligentes. Cierto que alguno de ellos es un tanto fundamentalista del "libre mercado" y algún otro es exactamente lo contrario, pero eso no quita lo lejanos que me resultan de lo que muestra la anécdota sobre la estupidez estadounidense. Cierto que hay estadounidenses que no saben dónde está España (como hay españoles que no distinguen Washington DC y el estado de Washington), pero también los hay con un nivel de conocimientos extraordinario.
Moraleja: generalizar es lo mismo que someterse a prejuicios.
Y un artículo interesante sobre la histeria generada por los sucesos de Woolwich, en este caso, no producidos por una jovencita sino por dos adultos. Hay puntos en común, a pesar del abismo que separa un caso y otro, sobre todo los que se refieren al papel de los medios en magnificar hechos, distorsionarlos en su caso y evitar las preguntas de fondo e importantes. En una guerra (como se supone que es la "guerra contra el terrorismo"), es importante, dice el artículo, saber qué quiere el enemigo, que manifiesta y qué pretende. Reprimir en plan paranoide y condenar en plan farisaico o puritano es otra cuestión. Cabezas frías es lo que hace falta. Y dudar es bueno.

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