miércoles, 29 de mayo de 2013

Conspiraciones y revueltas

Justo después de una charla de sobremesa en la que nos hemos maravillado de que, de "todavía" más jóvenes, pudiésemos haber creído que la Virgen María podría haber sido virgen después del parto y que todo se iba a solucionar con la toma revolucionaria del poder por parte de la clase obrera (todavía no se veía con claridad el despiole de la URSS ni se habían evaluado los eventos de la "primavera de Praga" o Hungría -mi amigo Michael sí lo hizo y dejó el Partido)-, es decir, después de haber asignado a dichas creencias la etiqueta de mitos movilizadores pero alejados de la realidad, me encuentro con este largo e interesante texto (I Want to Believe, quiero creer) sobre el papel de las teorías conspiratorias que van desde las más generales (el mundo está dirigido por un puñado de personas que están por encima de cualquier otro poder) a las particulares (el 11-S). El autor las ve como mitos de ocupan el lugar de la divinidad perdida y me ha hecho recordar mi texto de 2006 sobre "el carácter humano del poder mundial". Nadie es dios. Por lo menos de tejas para abajo. Nadie es omnipotente, omnisciente y omnipresente. Si lo hubiese, no dejaría que el mundo estuviese, como está, precipitándose en un abismo suicida que es el cambio climático.
La ventaja de estos mitos conspirativos es que son sencillos y explican mucho en un mundo instalado en la incertidumbre y la inseguridad. La desventaja es que no parece que se correspondan con la rugosa realidad.
Nos guste o no, estamos viviendo bajo unas reglas de juego que se fueron creando a lo largo de siglos y que tuvieron, sí, defensores muy interesados en mantenerlas. Lo que vienen a decir las teorías generales de la conspiración mundial es que no hay nada que hacer. Es un punto a favor del artículo que cito: constatar el carácter conservador de dichas teorías.
El punto a su contra es que frente al derrotismo de los conspiranoides lo que propone es la teoría de un proletariado cambiando el sistema, las reglas del juego. Me he visto en el túnel del tiempo.

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