jueves, 9 de mayo de 2013

Competición-cooperación: bandazos

En el siglo XIX se acuñaron las dos escuelas extremas: por un lado, el darwinismo ("supervivencia del más apto", después transformado en "más fuerte" y después extrapolado de la evolución de las especies al funcionamiento de la sociedad en el así llamado "darwinismo social") y, por otro lado, el anarquismo (partiendo de autores varios pero concentrados en el "La ayuda mutua, factor de evolución" de Kropotkin, extrapolando de la colaboración intra-especie en la evolución animal para pasar a la colaboración entre humanos).
Las reglas del juego del capitalismo son darwinistas: competencia, competencia y competencia. Queda para pequeños (y no tan pequeños) grupos lo de colaborar, cooperar y generar estructuras económicas en las que la lucha del más fuerte se transforme en "ayuda mutua, factor de evolución". Las cooperativas son el mejor ejemplo.
Por eso resulta interesante que haya autores que saludan la aparición de teorías que, partiendo de una revisión del darwinismo y su traducción social, llegan a ideas de colaboración y su traducción social. En realidad, no son tan nuevas ni su referencia a los clásicos tan innovadora. El hecho es que Darwin y Kropotkin se leyeron y se citaron mutuamente y ¡estaban de acuerdo!. Es decir, ambos reconocían que ni el "darwinismo" ni el "anarquismo" poseían el monopolio del principio explicativo de la evolución sino que, de hecho, esta había sido efecto de una combinación de ambos principios, la competencia y la colaboración. Nada nuevo, entonces.
Exaltar una de las dos es ideología (en el sentido de "falsa conciencia"). Y si se aplica una de ellas, de manera exclusiva y como principio rector, a la sociedad, produce más daños que bienes. Por eso es comprensible el bandazo de los que, viendo los males causados por el darwinismo social, extreman la exaltación del "anarquismo social" (a menor palabra para designar el "cooperatismo" o el "kropotkinianismo").
Utilizar una de las dos como instrumento para analizar la sociedad lleva a errores de percepción. Como ya entendieron Darwin y Kropotkin y ahora puede extrapolarse, las sociedades realmente existentes son una mezcla de cooperación y competición, variable de una sociedad a otra y variable también dentro de cada sociedad (en qué instituciones se es más cooperativo y en cuáles se es más competitivo) e incluso dentro de instituciones "oficialmente" competitivas como puede ser la economía en la que los organigramas formales dan paso a organizaciones informales y donde la competencia entre empresas se basa en una cooperación de base para mantener el sistema, alterar el precio de las cosas y organizar la oferta de productos y servicios. No hace falta tener mucha información para percatarse de que la cooperación-competición no es igual entre grandes empresas (en concreto, en el sector petrolero, donde prima la cooperación para fijar precios, mantener el coche de gasolina, evitar la entrada de otros sectores energéticos) que entre las pequeñas, donde la competencia es mucho mayor. El historiador Fernand Braudel ya levantó acta de esa diferencia.
(Añadido el 30: Chomsky define aquí el/su anarquismo)

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