lunes, 6 de mayo de 2013

Chavismos y antichavismo

Tengo tres tipos de amigos chavistas en Venezuela. 
El primero se parece a lo que ha sido algún artículo del español Juan Carlos Monedero: chavista, sí, pero no ciego. Es decir, dispuesto a reconocer no solo las luces sino también las sombras del régimen (todo esto antes de que las elecciones y situación post-electoral polarizaran todavía más la sociedad venezolana). Leo con interés los envíos de esta categoría, ya que estoy demasiado lejos como para entusiasmarme en una dirección o en otra. Me interesa qué sucede. 
El segundo está compuesto por los que, también chavistas, reconocen las sombras del régimen (ineficiencia política, corrupción, violencia...) pero añaden de inmediato un "antes había más" o un "no es nada nuevo". Alguno de ellos (y muy querido amigo), está en los aledaños del gobierno y eso me preocupa: como en el caso español con la corrupción, el "y tú más" indica un uso del tema como arma política arrojadiza, pero sin grandes deseos de cambiar la situación.
El tercero son los que no están dispuestos a reconocer ninguna sombra en el chavismo. Religiosos, rayando en la idolatría, mantienen hacia el régimen una actitud de fe, esperanza y caridad dignas del más clásico catolicismo o del "my country right or wrong", es decir, chavista con independencia de lo que haga el chavismo. El problema aquí va a ser la viabilidad de un chavismo sin Chávez (frannquismo sin Franco, salazarismo sin Salazar -aunque hubiese un sucesor-, o titoísmo sin Tito). Se verá. Personalmente, creo que no va a ser viable, pero lo digo desde la distancia.
En cambio, entre mis amigos venezolanos antichavistas no hay tipología que valga: todos se dedican (algunos mails han sido apocalípticos) a resaltar las sombras del régimen sin la más mínima concesión a sus luces.
No hace falta que diga que mis preferencias van hacia los primeros, no por chavistas sino por empíricos. Obvio que todos vemos la realidad desde nuestras respectivas ideologías que, al fin y al cabo, eso son: anteojeras que hacen ver las cosas "del color del cristal con que se miran". Eso es inevitable e, insisto, nos sucede a todos. Pero un mínimo esfuerzo para ver qué sucede "ahí fuera" lleva a reconocer que las cosas no son blancas o negras, según el tercer tipo de chavistas frente al único tipo de antichavista que conozco. Eso si lo que se quiere es  entender qué pasa "ahí fuera". Si de lo que se trata es de la lucha política, entonces la cosa cambia: todo vale, se arrima el ascua a la propia sardina de manera inmisericorde para la realidad y se descalifica al contrario, malo sin mezcla de bien alguno.
Opino que no vendría mal  un punto intermedio entre la actitud de "lucha política" apasionada y la distancia crítica de quien cree que para cambiar la realidad hace falta entenderla antes (diga lo que diga la "tesis 11" y con independencia de a favor que quién esté uno). Como también entiendo que el principio de "acción-reacción" haga crecer negros  nubarrones en el horizonte que, cada bando, achacará al contrario. Cosa que no es del todo exacta.
Que la ideología "dirige" la búsqueda de datos se ve con mayor claridad  en temas de difícil verificación.  Por ejemplo, saber si, en España, la oposición del PP al gobierno socialista de Zapatero (se cumple ahora el aniversario de su  "conversión" a la austeridad) fue más desleal que la oposición del PSOE al gobierno conservador de Rajoy (PP). El actual director del ABC afirma esto último (para subscriptores). Otros atribuyeron (en El País) al actual ministro de Hacienda del PP, cuando estaba en la oposición, haber dicho algo así como "que caiga España, que ya la levantaremos nosotros" (el ministro dicen que reconoce haberlo dicho). Como frase es fuerte. Pero no permite establecer un criterio para saber cuál de los dos partidos ha sido más desleal en la oposición. Cuestión de grado, tal vez. Comprensible que, desde el poder, "negociar" signifique  "aceptar lo que dice el gobierno" (y más si tiene mayoría absoluta en el parlamento).

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