sábado, 27 de abril de 2013

Política: voto y poder

Se decía que la democracia es un medio para tomar decisiones sobre temas controvertidos: se vota, se acepta la voluntad de la mayoría y se procura no herir demasiado la voluntad de la minoría. Ese es uno de los problemas de la supuestamente democrática Unión Europea; ¿qué hacer cuando, a lo que parece, los intereses de los países centrales son divergentes de los intereses de los países periféricos? Lo que dicen (o dejan entender) los respectivos gobernantes (llamarlos líderes es un tanto exagerado) es que unos quieren que el Banco Central tenga políticas más restrictivas (tipos de interés más altos o, por lo menos, como están) mientras que los otros prefieren una política de facilitación (tipos de interés más bajos). No hay modo de decidir mediante el voto, así que la decisión será mediante el poder: quién tiene capacidad de hacer que el otro cambie de opinión y se pliegue a la opinión del uno (eso es el poder, al fin y al cabo: la capacidad de doblegar la voluntad del otro, sea por la fuerza física o por la persuasión o por el engaño maquiavélico). Si, por un casual, la decisión es contraria a los intereses o la voluntad de los que tienen poder (los gobernantes de los países centrales), cuidado: es probable un engaño o una trampa o un medio para que consigan algo todavía más importante. 

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