martes, 16 de abril de 2013

Mandatarios populares

Leo una encendida alabanza del presidente ecuatoriano a partir de los datos de la Consulta Mitofsky. En el texto recibido que me ha dado la pista (pero no tengo el enlace) se dice:
Vamos todos juntos a compartir esta excelente noticia acerca de la Aprobación de Mandatarios América y el mundo, elaborado por Consulta Mitofsky. El Mashi está dando cátedra de cómo Gobernar al colocar su popularidad por encima de mandatarios de países como Estados Unidos, México, Brasil, Inglaterra, Francia, Australia, Italia, España, Alemania entre otros. 
Efectivamente, la popularidad del presidente Correa es la más alta del Continente. A febrero de 2013, logra una aprobación del 90 por ciento. Chávez, por las mismas fechas, estaba en tercer lugar, con un 84 por ciento de aprobación. Obama se encuentra en el puesto 12 (aprobado por el 48 por ciento de los encuestados) y, en la cola y por ese orden, están Piñera y Fernández (38 y 32 por ciento respectivamente) y Lobo y Chinchilla (27 y 12 por ciento). El caso de Laura Chinchilla (Costa Rica) hará respirar tranquilo a Mariano Rajoy que, en otra lista de países no-latinoamricanos, se encuentra en el último lugar obteniendo un 21 por ciento de aprobación. Si se está mal, siempre viene bien que haya alguien que está peor. Mal de muchos.
Siento discrepar de los entusiastas correístas (entre ellos, mi pariente que me envía el texto). La popularidad o la aceptación de un gobernante no se debe exclusivamente a cómo gobierna sino a cómo tiene la ola en la que hace surfing. Incluso la aceptación puede ser totalmente independiente de cómo está gobernando y sí depender de cómo está "vendiendo" su desempeño. Políticas gubernamentales que llevan al país (y a sus socios) a situaciones bien poco deseables (como pueden ser las políticas del Norte de la Eurozona en general y de Alemania en particular -Merkel recibe una aprobación del 71 por ciento de sus ciudadanos) serán bien recibidas si se maneja con eficacia el recurso del nacionalismo. Aunque a todo hay límites. Cristina Fernández lo está intentando y, sin embargo, la situación económica se la está comiendo. Cosa que no sucede con Correa ni, en general, con los presidentes de repúblicas petroleras (Chávez es el otro caso, pero no Morales -59 por ciento-).  Humala obtiene un 51 por ciento, por encima, por tanto, de Obama.
Total, que reducirlo todo a "sentar cátedra de cómo gobernar" (mal o bien), no es suficiente. Véase, si no, el caso de Rajoy, que no gobierna sino que sigue los dictados de la "troika" (como hizo su antecesor, Rodríguez Zapatero, del partido socialista, y que fue expulsado del gobierno a golpe de urna: para hacer surfing hace falta que haya olas, y ninguno de los dos la tiene).
Item más: estas aprobaciones no tienen que ser, por necesidad, un reflejo de resultados electorales pasados o futuros. Una encuesta no es un voto en una urna: muchos encuestados no votan y más de uno miente al encuestador (el voto, en cambio, ahí queda). Por cierto, la victoria de Maduro en Venezuela es por las mínimas y no parece que haya habido fraude: el gobierno suponía -encuestas en mano- que iba a ganar tan holgadamente que no hacía falta fraude, en un país que (Jimmy Carter dixit) ha tenido un sistema de votaciones particularmente limpio -por ejemplo, y  a diferencia del caso estadounidense, sus ordenadores sí dejan huella en papel, con lo que se puede controlar si el programa ha sido modificado, como se ha sospechado fundadamente para los Estados Unidos-.
En todo caso, que un gobernante sea popular o impopular, aprobado o desaprobado, no significa, automáticamente, que lo esté haciendo bien o mal. La historia les juzgará. Y, antes, las urnas, aunque los electores también se equivoquen. Pero esas son las reglas del juego: el voto es para decidir quién gobierna, no para encontrar la verdad o elegir lo que más conviene al elector.

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