domingo, 21 de abril de 2013

Chechenia

En los Estados Unidos (y en muchos países más), algunos hechos dramáticos permiten que algunos de sus habitantes se percaten de que el mundo es algo más grande de lo que sus ojos pueden abarcar y, en algunos casos, que hay otros países en el mundo además del propio. 
Eso puede ir acompañado de tristes equivocaciones como la de confundir chechenos con checos (Chechen y Czechs), como ha sucedido en algunos medios, cosa que ha obligado a la embajada checa ante Washington a emitir un comunicado distinguiendo su país respecto a Chechenia.
Mientras que los hermanos chechenos acusados de terrorismo no sean declarados culpables por un tribunal legalmente constituido, su presunción de inocencia tendría que estar garantizada. Otra cosa es que, enfrentándose a policías y soldados, uno de ellos haya muerto y el otro esté malherido sin que se sepa si son culpables de estos hechos o no. Personalmente, creo que lo son, pero lo que yo crea no sustituye a un juez.
Al margen de anécdotas y tragedias, y pasando de la gente de a pie a las elites dirigentes y dominantes, es digno de mención que, caso de ser culpables estos hermanos, habrían estado en el bando de los neoconservadores que, durante mucho tiempo, han apoyado a los rebelde chechenos -musulmanes en su mayoría- frente al gobierno de Moscú, por aquello de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, digan lo que digan mis ideologías, religiones o, sencillamente, supuestos principios.
Le he pegado un vistazo a un texto ("La palabra terrorista") que escribí hace casi diez años. Las referencias a Chechenia me han hecho pensar. Como me hizo pensar la leyenda urbana (algunas son ciertas y esta tal vez lo sea) según la cual el gobierno de los Estados Unidos (no los neoconservadores, como se ha citado más arriba) habrían llegado a un acuerdo con el de Rusia: tú apoyas el dólar manteniendo tus reservas de divisas en tal moneda y sin pasarte al euro y nosotros miraremos hacia otro lado cuando se trate de la violación de derechos humanos en Chechenia.
El comportamiento terrorista siempre es abominable, pero junto a su rechazo moral, no vendrá mal preguntarse "por qué" (motivaciones) y "para qué" (objetivos). Puede que sea un acto meramente expresivo, no instrumental. Pero también puede que sea un medio para conseguir un fin. Pero ¿cuál y para quién? 

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