viernes, 15 de marzo de 2013

Papa Francisco

Con independencia de las propias creencias, la elección de un papa es un hecho importante para el funcionamiento del sistema mundial. Cierto que, detrás, no tiene batallones, como desdeñosamente afirmaba creo que Stalin, pero sí tiene que ver con una religión jerárquica con miembros, más o menos entusiastas, en todo el mundo.
Para hacerse una idea de por donde van las cosas es inútil hacer cábalas sobre cuáles han podido ser sus intenciones asumiendo el nombre o qué valor predictivo tiene su primer discurso o qué es lo que sus electores han querido conseguir con su votación. Son especulaciones. Pero sí se puede atisbar algo si se toman las versiones más negativas sobre su pasado (como esta, de un probablemente no-creyente, pero de tradición católica, sospechoso, eso sí, de "kirchnerista") y se las compara con las más esperanzadas sobre su futuro (como esta de Johan Galtung, que no es católico).
Cuatro enfoques, entonces: pasado positivo, pasado negativo, futuro esperanzado, futuro pesimista. Obviamente, pasado y futuro son términos relativamente intersubjetivos aunque hay quien prefiere remontarse a las reducciones jesuiticas y quien parte de la Junta argentina. Pero el positivo/negativo y esperanzado/pesimista depende de las respectivas escalas de valores (revolución, reforma, status quo por un lado, y, por otro, paz, justicia, ambas, lucha de clases, política alternativa etc.). 
La "verdad" no está en el medio. Los hechos son los hechos, aunque permitan interpretaciones diferentes y cada cual elija aquellos que mejor encajan con sus valores si adopta una postura militante. Pero los "espectadores" podemos adoptar otras actitudes. No necesariamente más cómodas en el terreno intelectual, pero sí más descansadas en el práctico/pragmático.

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