jueves, 7 de marzo de 2013

Necrológicas

Con ocasión del anuncio de la muerte de Hugo Chávez, se han podido leer tres tipos extremos de comentarios y, por supuesto, todos sus intermedios (no hay tipos puros).
1. En primer lugar, tenemos los que solo ven lo que su gobierno (o él, casi personalmente) ha hecho bien. Es muy propio de europeos que en su día fueron recibidos por el mandatario y que no ven otra cosa que la reducción de la pobreza, el crecimiento económico, la lucha contra la desigualdad y se preguntan si la oposición tiene programa implicando que no lo tiene. He leído ese tipo de comentario también sobre otros gobernantes bolivarianos incluyendo, además, errores muy de bulto sobre su oposición de izquierdas, que haberla háyla.
2. Después están los que solo ven lo que él ha hecho mal, para lo cual se recurre a los datos sobre violencia, bonocracia, boliburguesía, devaluación sintomática, corrupción y, en los casos más sutiles, sobre los riesgos del extractivismo, ese "socialismo petrolero" sin alternativas para cuando se terminen los yacimientos (agresión al medioambiente aparte). Algunos de estos hipercríticos son exiliados venezolanos y es obvio que les duele la herida.
3. Finalmente, están los que saben que no hay nada perfecto ni nada totalmente malo (creo que era Oscar Wilde el que decía que "no hay libro malo que no contenga algo bueno": pues eso: no hay gobierno malo/bueno que no contenga algo de bueno/malo respectivamente). Se puede hacer desde posiciones próximas a 1 (lo más frecuente en mis lecturas) o desde las próximas a 2 (no recuerdo ahora ninguno de ellos, pero posible es).
La versión paranoide de 1 también es digna de atención: el imperio le mató. Excesivo.
Claro que uno puede tener sus simpatías hacia ese personaje (sin llegar a la adoración de algunos clasificados en 1, casi idólatra) y antipatías. Confieso que yo he sufrido vaivenes en las dos direcciones desde que llegó al gobierno (yo estaba entonces en Quito y me escribí con algunos chavistas incondicionales y con algunos condicionales -que lo veían como el mal menor-) hasta que enfermó y se vio que su río iba a la mar, que es el morir. Y claro que esas simpatías o antipatías tiñen la descripción que se hace de lo que ha sido su gobierno y hacen enfrentarse a los que juzgan contrarios o, incluso, a los de 3 (ay, la equidistancia analítica). Pero confieso que me encuentro muy incómodo con los de 1 y con los de 2, sobre todo cuando llegan a extremos pueriles que, además de no ser ciertos, son risibles.

1 comentario:

  1. Me ha gustado el articulo de Alma Guillermoprieto que publicaba hoy El País, creo que uno de los mas equilibrados de los tantos que se han escrito en los últimos días. Saludos

    Juan Antonio

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