lunes, 25 de marzo de 2013

Chipre: Otra vez Buridán

Elegir no es fácil cuando la opción es entre dos males. Si se tratase de elegir entre el bien y el mal, parece que la cosa no tendría muchas dificultades: se elige el bien y se rechaza el mal (qué sea el bien y qué sea el mal es otra cuestión). Y si se trata de elegir entre dos bienes, puede haber todo tipo de métodos para hacerlo y hacerlo con tranquilidad: lo más que se arriesga es no conseguir, con la propia decisión, tanto como se podría haber conseguido con la contraria, pero que, aun así, no dejaría de ser de resultados positivos.
El asno de Buridán es un caso particular: el animal, hambriento, se encuentra a la misma distancia de dos montoncitos de forraje igualmente apetitosos; si se acerca a uno, se aleja del otro; y como ambos le apetecen igualmente, acaba muriendo de hambre al no poder decidir.
Pues bien, después de leer esta buena colección de traducciones de artículos sobre el asunto Chipre (escritos, obviamente, antes de las novedades producidas en Bruselas ayer domingo), se me ocurre una situación todavía peor que la del llamado "asno de Buridán". 
De los artículos en cuestión se desprende un diagnóstico común: un paraíso fiscal, con fuerte presencia  de rusos practicando la lavandería financiera y con perspectivas petroleras, que invierte en Grecia y compra productos tóxicos estadounidenses y cuyo sistema bancario entra en crisis (riesgo de bancarrota)  al perder sus inversiones. Ante ello, los no elegidos democráticamente de la troika, que ven peligrar el sistema bancario que ellos protegen y la moneda que parece convenirles, imponen una serie de medidas a cambio de enviar dinero para el saneamiento de los grandes bancos -las cooperativas, sin problemas- a cambio de saltarse reglas dictadas por dicha troika sobre los depósitos bancarios.
Ante tales terapias, y encima impuestas desde fuera, la gente se arremolina y los parlamentarios chipriotas elegidos democráticamente tienen que abstenerse -los gubernamentales- o votar en contra -la oposición-. Reaccionando,  los no-elegidos democráticamente (la troika) dicen que "donde dije digo, digo Diego", pero añadiendo que, sean cuales sean las medidas del rescate, el pueblo chipriota va a tener que sufrir mucho, pagar por los pecados de los banqueros, evasores fiscales y mafiosos y asumir en sus carnes las consecuencias de los desmanes cometidos por otros (imagen muy de Semana Santa católica, la tradicional, no la del sector turístico). 
Y aquí viene el nuevo asno, enfrentado a un mal (la pérdida de poder adquisitivo de sus ahorros, pensiones y, en general, activos, gracias a las condiciones del rescate) y a otro mal (la pérdida de poder adquisitivo de los activos propios si se sale del euro y se devalúan sus fondos digamos que en un 50 por ciento, entre devaluación e inflación). Como ciudadano que vota ¿qué puede elegir? ¿Perder o perder? Un buen político, enfrentado a una campaña electoral con tal dilema, lo que hará es tratar de asno al electorado y hablarle de cualquier otra cosa (nacionalismo, los turcos, la era del petróleo y el gas -obviando que ya ha sido vendido a los rusos-, y cosas parecidas) o les hará promesas falsas con "narrativas" muy sugerentes y "story telling" de vaya usted a saber.
De te fabula narratur. Por ejemplo, de los españolitos (o, si se prefiere, de los catalanes): ¿qué tendrían que elegir?¿Recortes por un plan de austeridad o recortes por salirse del euro? Evidente la respuesta: una campaña electoral plagada de falsedades o maniobras distractivas como fueron, respectivamente, las del Partido Popular en las elecciones generales y las de Convergència i Unió en las autonómicas.

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