miércoles, 20 de febrero de 2013

Simplificaciones


Cuando hablamos o escribimos, siempre seleccionamos. Es imposible reproducir la realidad a ese inverosímil e inútil mapa a escala 1:1, es decir, idéntico a la realidad. Borges ironizaba sobre dicha posibilidad en un texto que atribuía a un supuesto Suárez Miranda quien en su no menos supuesta obra “Viajes de varones prudentes habría dicho “En aquel Imperio, el arte de la Cartografía alcanzó tal Perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el mapa del Imperio toda una Provincia. Con el tiempo, esos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las inclemencias del Sol y de los Inviernos”. La ironía de Borges le llevaba a inventar hasta la cita erudita: Lérida, 1658, libro cuarto, cap. XLV.
Tenemos, pues, que simplificar: ese mapa idéntico a la realidad ni existe ni puede existir. Así que, simplificando, pueden verse algunas de las estrategias que utilizamos para hablar de la realidad que nos rodea.
La primera, y más evidente viendo lo que se va diciendo desde el “caso Bárcenas”  a la dimisión del, en poco más de una semana, cardenal Ratzinger, consiste en arrimar el ascua a la propia sardina. Consiste en seleccionar aquellos detalles que coinciden con la propia perspectiva. Si uno es pro-PP buscará lo que mejor le cuadre o, también, buscará asuntos que despejen el balón a córner: una maniobra distractiva. En cambio, si uno es anti-PP, hará lo contrario. Escuchar a los dos no necesariamente mejora la comprensión de lo sucedido, porque es posible que ambos estén dejando fuera aspectos centrales del caso.
Lo mismo ha podido suceder con la dimisión de Benedicto XVI, pero aquí, dadas las características tan particulares del Estado Vaticano, con algunos elementos adicionales que permiten mayor confusión. Se trata de la facilidad con la que creemos que son hechos o datos observables lo que no son más que interpretaciones del único hecho incontrovertible: que ha dimitido. Las interpretaciones entran cuando se plantea el “por qué”: cansancio, vejez, marcapasos, intrigas, fracaso en su intención de poner orden en los maquiavelismos palaciegos, “vatileaks”, responsabilidad, ejemplaridad... Se puede elegir.
Por tampoco el “caso Bárcenas” está exento de esa confusión entre datos e interpretaciones, sobre todo cuando algunas de ellas se basan en hechos observables, pero cuya conexión con el dato inicial es problemática: divisiones internas en el partido, lucha por la sucesión, chantajes, incluso maniobra distractiva en sí misma, intereses periodísticos.
Los mapas que hacemos son siempre simplificaciones. El riesgo, obviamente, es caer en el simplismo, pero eso se nota más (una sola interpretación o la exaltación del hecho como si fuese apocalíptico). Las simplificaciones necesarias las hacemos, como digo, porque, nos guste o no, siempre vemos la realidad con el color del cristal con que la miramos, una vez reconocemos que es imposible reproducirla tal cual.
No he visto “Lincoln”, la película, pero ya he leído artículos que la critican por lo que la película omite. Claro que omite cosas: las que se juzgan irrelevantes porque lo son (el número de zapato que calzaba) o porque no encajan con los propios prejuicios (cuestiones raciales, por ejemplo), las que, sencillamente, no se conocen o las que no caben en una película (no se pueden meter años de vida en minutos de celuloide).
Hay críticas a artículos ajenos que encajan con esto último: ¿por qué no ha hablado también de tal o cual cosa? Tanto hablar de estos, ¿por qué no habla de los otros?. También tiene respuesta: porque no sirve para arrimar el ascua a la propia sardina ideológica o porque uno no puede encajar toda la realidad en un artículo de 750 palabras. Sería pretender escribir un artículo a escala 1:1, como el supuesto mapa de los cartógrafos chinos.
Que por qué me meto en este berenjenal. Pues porque creo que hay que aprender a leer y no tanto en la materialidad (que doy por supuesto que el alfabetismo ya es universal) sino en su comprensión. Todos seleccionamos, y darse cuenta de cómo y en qué se selecciona (e intentar interpretar por qué se selecciona en esa dirección) es una tarea higiénica en un mundo en el que los populismos simplistas parece que van a seguir en auge. Por supuesto que lo dicho se aplica también a la presente colaboración. 
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

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