lunes, 18 de febrero de 2013

Doce golondrinas hacen verano

Doce casos en el mundo de infección por coronavirus han hecho levantar las alarmas por parte de la OMS. No se sabe cómo se transmite (si es de persona a persona o no), pero sí se sabe que de los 12 casos conocidos, cinco han sido mortales. Razón, pues, para alarmarse al igual que con las numerosas muertes por "neumonía atípica" en 2003.
El asunto puede tomarse como una metáfora para los problemas que hay a la hora de analizar "la que está cayendo" a escala mundial.
En primer lugar, y como hay egregios antecedentes, no hay que descartar que intereses ocultos (los de empresas farmacéuticas en un caso, el de las financieras en otro) "muevan" a unos diagnósticos y a una estimación de su importancia en una dirección o en otra.
En segundo lugar, que discutir eternamente sobre las causas no siempre proporciona buenas respuestas sobre las terapias o sobre las políticas económicas a aplicar.
En tercer lugar, que ver qué pasó con los antecedentes puede dar indicaciones, pero no respuestas definitivas (comparar con la crisis del 29 tiene sus limitaciones).
En cuarto lugar, que tampoco es muy útil dedicar muchos esfuerzos para analizar la situación de los que no están afectados, aunque sí pueden dar indicaciones sobre qué es lo que habría que hacer (por ejemplo, cerrar los yakuzis en un caso o imponer una "tasa Tobin" a escala mundial en el otro), indicaciones que, por muy seria que sea la metodología comparativa, habrá que tomar con cautela.
En todo caso, el problema a resolver es el de la enfermedad y su posible extensión. O el de la pobreza, o el de la violencia, o, en general, el de la insatisfacción severa, involuntaria y permanente de necesidades humanas básicas, necesidades que pueden ser universales aunque sus satisfactores estén determinados por las diferentes culturas.
Me preguntaron la semana pasada qué objetivos podrían ser inequívocamente universales. Mi respuesta fue sencilla: la supervivencia de la especie. Y sirve para un caso como para el otro. Porque en lo que se discute sobre "la que está cayendo", raramente se incluye una pequeña cuestión: la de la huella ecológica que dejan las actividades humanas convencionales o propuestas como "terapia". Y, en ese punto, estamos desarmados. Como lo estamos en la "guerra" contra los virus que, hay que reconocer, ganarán a largo plazo.
(Añadido el 19: Un muerto más, en Inglaterra, aunque la noticia la leo en periódico portugués)

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