jueves, 28 de febrero de 2013

Corrupción: cómo analizarla y qué hacer

Comenzar el análisis del comportamiento corrupto contemporáneo partiendo del sistema mundial tiene un riesgo evidente: el de terminar con un lasciate ogni speranza voi ch’intrate que es lo que Dante sitúa a la puerta del infierno y que hace pensar en el título de un artículo de Andre Gunder Frank “No Escape from the Laws of World Economics” (1991). No hay modo de huir de las leyes de la economía mundial, así que abandonemos toda esperanza los que en ella estamos.
Sin embargo, en este juego de cajas chinas o de matrioshkas, hay alternativas al análisis que comienza en lo más general y va descendiendo (goteando, “trikle down”) hasta llegar al individuo, a saber, comenzar el análisis por éste, su codicia, su “anomía” (ausencia de normas compartidas), su insociabilidad, su darwinismo social (bien lejano de “La ayuda mutua, factor de evolución” de Kropotkin) o su “el que venga detrás, que arree”, su falta de consideración hacia las generaciones futuras. Todos tenemos algo de eso y tal vez el caso más evidente sea la falta de respeto para los problemas ambientales que demostramos en nuestros comportamientos cotidianos. Del análisis del individuo “medio”, se iría ascendiendo por la escala hasta llegar al sistema mundial y tal vez la perspectiva no sería tan desesperanzadora: podría ser posible “educar” al individuo, es decir, sacar (“educere”) de él lo bueno que hay y minimizar lo agresivo para el conjunto.
Aquí se ha optado por la primera de las opciones sin negar la segunda, pero sabiendo que, a la hora de responder al “¿qué hacer?”, el campo privilegiado para intervenir es, por definición, la política, desde los gobiernos centrales a los municipales sin excluir el papel que puedan tener, a pesar de sus problemas y de las críticas que suscitan, organizaciones gubernamentales como la ONU u organizaciones no gubernamentales como Transparencia Internacional. Con toda la simplificación que comporta, hay razones para decir “Tus sobres, mis recortes” en una puesta al día del dilema “cañones o mantequilla” que planteaba el manual de Samuelson.
La presión ciudadana, movilizadora y/o electoral, es el camino: “mareas ciudadanas” y/o exigencia en los programas electorales y en su cumplimiento posterior. De lo contrario, al margen de otros sombríos presentimientos posibles, seguiremos viendo cómo se utiliza nuestro dinero (el de nuestros impuestos, que no es “suyo”) para objetivos para los que no lo cedemos: fraude, gastos superfluos y corrupción que en un sistema no-democrático podrían ser todavía peores. Yes, we can.
(Epílogo de la puesta al día de librito del que hablaba ayer)

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