viernes, 14 de diciembre de 2012

Too big to jail

Buen título del The Guardian recordando el "too big to fail", demasiado grande como para dejarlo caer, referido a los bancos que hubo que nacionalizar según el principio de nacionalizar las pérdidas y privatizar las ganancias que es principio que se lleva en esta temporada en las pasarelas ideológico-políticas.
"Demasiado grande para ir a la cárcel" es una versión más societaria frente a la anterior, aparentemente más económica (aunque, pensándolo, tampoco se diferencian tanto). Se refiere al doble rasero del sistema judicial: si robas unos centavos, te cae todo el peso de la ley (dura lex, sed lex), pero si robas millones o, mejor, centenares de millones, seguro que te escapas. 
Primero, es posible que ni siquiera haya juicio y por mil razones que incluyen el que el delito haya prescrito (o se haya provocado su prescripción). 
Segundo, es posible que la pena sea mínima. Ridícula en proporción al hecho y, en todo caso, con un posible carácter punitivo pero sin ningún elemento de ejemplaridad que disuada a otros de caer en la tentación. 
Y, tercero, siempre habrá una amnistía benévola que enderece el "entuerto" producido por una sentencia dictada, sea la que sea.
Una vez más, el artículo que me hace escribir este post se refiere al "extranjero" (y de ese periódico que, el otro día, escuché que en televisión se le llamaba "el Té Guardián"). El lector español recordará interesantes casos que encajan en cada una de las tres opciones que acabo de dar, desde políticos que no han podido ser juzgados por cambios incesantes en el juez de turno... hasta que ha prescrito el presunto delito, a la ristra de amnistías dictadas por el actual y el anterior gobierno, en particular a banqueros. Y ahí es donde quería llegar: "to big to fail" y "to big to jail" pertenecen al mismo tipo de principios y su nexo no es nada abstracto: son personas. Los que así actúan no son "el capitalismo" o "el imperialismo" o "el neoliberalismo", sino personas concretas en situaciones concretas aunque, eso sí, bajo unas reglas del juego que no afectan al resto de los mortales. Fernand Braudel le llamaba a eso "economía capitalista" (escogió mal el nombre, pero el que sabe, sabe), distinguiéndola de la "economía de mercado" (para pequeñas y medianas empresas, no suficientemente "big") y de la "economía material" (sumergida, trueque, alternativa). A lo que se ve, esa "economía de los capitalistas" (que sería mejor nombre) no se rige ni económica ni jurídicamente por las reglas de la "economía de mercado" que quedan para los mindundis. Eso sí, se exaltará esta última para que nadie se ponga a pensar en la otra. Y me temo que si sustituimos "economía de mercado" por "economía planificada" tendremos una división tripartita aplicable a los antiguos países comunistas: la economía de los apparatchiks, la economía planificada y la economía material (sumergida y, por tanto, delictiva).
(Juan Torres, aquí, en la misma dirección)

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