miércoles, 26 de diciembre de 2012

Noticias buenas y malas

Enhorabuena: el mundo no ha terminado. Ni el 12.12.12 ni ese día de los mayas que no tuvo en cuenta los usos horarios del planeta. En el primer caso, porque es un exceso de etnocentrismo pensar que el cosmos se rige por los caprichos de unos papas cambiando calendario a partir de un supuesto año 0, cuando, además, hay otros muchos calendarios en el mundo. En el segundo, porque son ganas de no entender a los mayas clásicos, cosa, por cierto harto frecuente en estos indigenistas “New Age” que asolan el continente americano y que tienen más de “New Age” que de conocedores de sus culturas. 
Las noticias sobre el fin del mundo, como las de la muerte de Mark Twain como él mismo se encargaba de decir, han sido exageradas. Pero llevamos una cierta tradición en su anuncio, cosa que no es solo propia de la tradición judeocristiana sino que aparece también en otras como la hindú. Y es que tienen su demanda. 
Se ha publicado este año la traducción al castellano del libro del psicólogo experimental canadiense Steven Pinker “Los ángeles que llevamos dentro. El declive de la violencia y sus implicaciones” (El título en inglés era más claro: “The Better Angels of Our Nature: Why Violence Has Declined”). En su prólogo ya establece que es “Obvio que la violencia no está a nivel cero” “Ni hay garantía de que la violencia continúe disminuyendo”. Pero el caso es, dice, que “En la actualidad quizás estemos viviendo en la época más pacífica de la existencia de nuestra especie”, cosa que intenta demostrar a lo largo del libro junto a los factores que han producido tal declive general. Ningún interés en discutirlo. Lo que me interesa ahora es la reacción habitual ante tales propósitos: no puede ser. Y el autor intenta explicar también ese negacionismo: “Nuestras facultades cognitivas nos predisponen a creer que vivimos en una época violenta, en especial cuando son avivadas por medios que siguen la consigna: “Si hay sangre, muéstralo””. Como se sabe, las malas noticias son creídas con más facilidad que las buenas. Y qué peor noticia que el fin del mundo... 
Las malas noticias “venden” y el que las vende obtiene una gratificación, momentánea pero real, al sentirse “líder de opinión” aunque no sea más que por un momento... hasta que su predicción se ve refutada por los hechos. Por eso es mala idea hacer predicciones con fecha de caducidad: llegado el momento se ve si eran ciertas o no. Los que anunciaron el fin del mundo con la fecha supuesta de los mayas, tendrían que reconocer que se equivocaron. 
Pero ese reconocimiento no es frecuente. En el mundo académico que conozco son raros esos “mea culpa” con los que el autor presenta sus disculpas por haberse equivocado. Tal vez la excepción más brillante la supuso Andre Gunder Frank que fue capaz de publicar un texto reconociendo sus errores. Porque si “errare humanum est”, los humanos tenemos que reconocer que nos equivocamos. Y más si publicamos, porque eso queda para la historia como quedan las promesas electorales que se lleva el viento. Hay, de todas formas, una solución al problema de las predicciones que no se cumplen. Hacerlas sin fecha. En mi caso, hablando de los “países en vías desubdesarrollo”, en ningún momento he dicho cuándo se va a llegar a tal situación y me he contentado con afirmar, con algo de fundamento, que nos hallamos en tal proceso. Pero es que no sé si vamos a llegar o, por el camino, un ángel nos detendrá y conseguirá que nos demos la vuelta y volvamos por donde hemos venido. No es un truco. Es que no lo sé. Ni creo que se pueda saber. Es parte de nuestro problema. No solo aquel “no sabemos lo que pasa: y eso es lo que nos pasa” de Ortega, sino también la inseguridad en diagnósticos y terapias en que nos encontramos. Pero es de eso de lo que hay que levantar acta frente a propuestas cargadas de seguridad como las de los mayas, aunque, en este caso, sean propuestas que dicen que nos sacarán del atolladero en que nos encontramos. El riesgo en una situación como la que atravesamos, es, en mi opinión, la necesidad de seguridades. Si, desde siempre, según Russell, “lo que los humanos quieren no es el conocimiento: es la certeza”, en momentos de intranquilidad como los actuales, esa demanda de certeza puede ser muy peligrosa, venga de la derecha o de la izquierda
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

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