lunes, 3 de diciembre de 2012

Lucha de clases

Por ganas de acabar pronto, se está traduciendo "class wars" por "guerra de clases" cuando, en mi opinión, tendría que llamarse "lucha de clases". Lo he visto en un par de artículos traduciendo y traducidos. En cualquier caso y más allá del purismo ¿a qué se refieren?
Primero hay que ver si existe algo que podamos llamar clases. 
Decir que hay desigualdad y diferencia dentro de cada sociedad no es nada original. Pueden llamarse estratos (arriba, en medio, abajo y sus subdivisiones) que comparten algunas características y que los que trabajan el márketing conocen bien ya que, entre otras cosas, comparten hábitos de compra. Y curiosas similitudes en el voto (no es cierto, por ejemplo, que "los de abajo" voten masivamente a las izquierdas). Y parecidos bagajes educativos y lugares de residencia. En algunos países (Inglaterra es el más claro y el Japón el más estricto) comparten hasta modos de hablar (códigos lingüísticos, si se quiere), de forma que es posible saber el grupo al que alguien pertenece con solo escuchar su acento o, en el caso japonés, su vocabulario.
Mientras cada uno de esos estratos hace, digamos, su vida sin tener en cuenta a otros (excepto para envidiar al inmediato superior y sentirse superior al inferior, que es un modo de mantener el "orden social"), no tendría que hablarse de clases (pero, como siempre, es cuestión de ponerse de acuerdo en el significado que le damos a las palabras). Porque hay una cosa, ahí fuera, que no coincide exactamente con lo que he llamado estratos. Y es el momento en que aparecen objetivos incompatibles entre algunos de ellos, que es lo que constituye un conflicto. 
Los conflictos (esas situaciones en las que sus participantes presentan objetivos incompatibles) se pueden resolver de muchas maneras. Por ejemplo, suprimiendo física o socialmente a algunas de las partes. Suele llamarse "revolución" (sea desde "arriba", como fue la de Reagan o Thatcher o Pinochet, sea desde "abajo" (las de los "rojos"). Pero hay casos en que suprimir al "otro" de "abajo" no es "rentable" para quien lo hace ya que necesita mano de obra, servicio doméstico y consumidores en general. Entonces ha de recurrir a otros medios.
Uno, evidente, es la negociación, transigiendo, entrando en juegos de suma positiva (la revolución es, en la mejor de las hipótesis, un juego de suma cero cuando no de suma negativa). Yo cedo, tú cedes y todos ganamos. El Estado del Bienestar de principios del siglo pasado era algo así: yo pago impuestos para que tu situación mejore y tú renuncias a la revolución.
El otro es recurrir a la violencia "desde arriba" que puede ser violencia directa, es decir, represión, o puede ser violencia cultural, es decir, explicar a los que pierden que es por su bien, que no hay alternativas, que si las hubiese serían peores para ellos, que Dios lo quiere, que la Historia lo quiere, que hay que sufrir ahora para alcanzar el Paraíso (incluido el "paraíso comunista") y cosas por el estilo. 
Las muy diferentes opciones que pueden aparecer no provienen de manuales o textos eruditos sino que dependen de "análisis concretos de situaciones concretas" o, si se prefiere, de correlación de fuerzas entre las partes en conflicto.
En estos últimos tiempos parece que sí que hay conflicto, que es relativamente estable, pero que han cambiado las posibilidades de las partes. Como se ha dicho, "la lucha de clases ha terminado: hemos perdido" o, si se prefiere y citando al nada sospechoso Warren Buffett que ya he citado otras veces: "Claro que hay lucha de clases y, por el momento, es mi clase, la de los ricos, la que la está ganando".
¿Cómo? En primer lugar, captando aliados en las clases medias que quieren ser superiores y se sienten tales viendo a las "inferiores". En segundo lugar, usando de los medios para trasmitir la no-existencia de tal lucha y, sobre todo, para hacer ver que "no hay alternativa", En tercer lugar, captando las voluntades de los políticos para que lleven adelante los programas que interesan a esa clase. La ideología de estos políticos es independiente de la coyuntura. En cuarto lugar, sin embargo la coyuntura ayuda y el recurso a la crisis es muy beneficioso.
Lucha de clases, pues, no es, ciertamente, echarse a la calle. Estamos hablando de violencia estructural, no de violencia directa. Ni es necesariamente la lucha de "los de abajo" (el 99 por ciento, según el vocabulario de los de Occupy Wall Street) contra "los de arriba" (el 1 por ciento). En la actualidad, si hemos de creer a Warren Buffett (y yo le creo) la lucha de clases (victoriosa a lo que parece) es exactamente la que se está dando en la dirección contraria.
Tal vez se use "guerra de clases" (además de la pereza del traductor) para evitar sus resonancias marxistas. Mientras no se sea un fundamentalista del texto sagrado (sea "El Capital" o "La riqueza de las naciones" o el "Tratado general" de Keynes), en todos ellos hay elementos que pueden servir para entender lo que nos rodea. Si nos aferramos al texto, podemos estar seguro de que nos impedirá ver la realidad (se escribió cuando el mundo era diferente). Si lo rechazamos todos, perdemos la oportunidad de percatarnos de cosas que pueden ser importantes. Pero lucha de clases, como las meigas, haberla háyla: la que dice Buffett.

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