lunes, 10 de diciembre de 2012

El recurso a las leyes

Cuando regresé al Ecuador después de muchos años de ausencia (y de haberme prometido, después de la primera salida, que nunca volvería) estaba candente el conflicto fronterizo entre el país y el vecino Perú. Mi anfitrión, hombre de leyes que ahora ocupa altos cargos en su especialidad, me regaló, casi de inmediato, un libro que mostraba las razones jurídicas que asistían al Ecuador para reivindicar una zona disputada. Tan disputada que, en la que había sido mi primera estancia en el país, me dejó perplejo ver el mapa que entonces se presentaba del Ecuador y que tan diferente era del que había visto en el Perú los dos años anteriores a aquella estancia ecuatoriana. El conflicto llevó a varios enfrentamientos armados (según algunos usos, no podrían llamarse "guerras", dado el número de bajas producidas en ellos) y no se solucionó recurriendo a las leyes, es decir, respondiendo a la pregunta "quién tiene razón desde un punto de vista jurídico", sino negociando acuerdos que evitaran ulteriores violencias. Los acuerdos incluían declarar una zona (Tiwinza) como zona de "co-soberanía", cosa que las leyes no habrían planteado jamás, pero que la creatividad de ambas partes sí que encontró y que le había sido sugerida al presidente ecuatoriano por un colega y, a pesar de ello, amigo. Y no latinoamericano, dicho sea de paso.
Ahora que estoy leyendo una tesis sobre el conflicto fronterizo Chile-Perú (planteada desde la perspectiva de la cultura de paz y no desde la jurídica), me encuentro esta serie de frases pronunciadas por la parte chilena en lo que es un intento de resolverlo ante el tribunal de La Haya y las reacciones peruanas. No parece haber propuestas de solución al conflicto sino una mera argumentación para llegar a "yo tengo razón", "tengo LA razón", cosa poco útil, sea cual sea el fallo de La Haya, que igual coincide con la fecha de la defensa de la tesis a la que me he referido. Si hay acatamiento al fallo o sentencia, la cosa cambiaría. Pero habrá que ver.
La voluntad negociadora y no el deseo de tener la razón (jurídica, por supuesto) es lo que estuvo a punto de resolver la reivindicación boliviana de "salida al mar" ante el gobierno Bachelet. Por ambas partes, se obviaron los argumentos jurídicos y se buscó formas de conseguir "que todos ganasen" y todos pudiesen responder a sus respectivos electorados. Desgraciadamente, la cosa cambió: Bachelet fue sustituida por Piñera y cambió el gobierno de Morales, cesando el vicecanciller Hugo Fernández, que se había desempeñado bien en dicho campo. En ambos casos, cambiaron los negociadores y, en el caso chileno me parece, cambió la voluntad negociadora. Y en esas están, por suerte sin violencia.
Para el tema Ecuador-Perú, nadie dice que el conflicto y el enfrentamiento no puedan reproducirse. Hay descontentos por ambos lados (es imposible contentar a todo el mundo en tales situaciones y más si no se explican las cosas) y podría producirse de nuevo la tentación que pueden tener los gobiernos de un país y del otro de "proyectar" hacia el exterior lo que son problemas internos. Es un recurso fácil que solo cuesta la vida de unos soldaditos de nada, conscriptos y, por tanto, de clase baja (los de clase alta suelen escapar del servicio militar con más facilidad). 
Pero, de todas formas, esto no es un alegato contra el imperio de la ley, sino contra su uso exclusivo para ver "quién tiene razón" cuando la pregunta tendría que ser "cómo solucionamos esto con el mínimo de violencia posible y con el mayor beneficio mutuo". Entre la propuesta de "la lucha por la existencia" darwinista y "la ayuda mutua, factor de evolución" de Kropotkin, es más rentable la segunda.

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