jueves, 13 de diciembre de 2012

El desarrollo actual del subdesarrollo

El problema puede abordarse desde lo inmediato y local o desde lo más general y mundial. 
En el primer caso, basta darse una vuelta por el pueblo y ver qué está sucediendo con los cierres de comercios, las farmacias, los centros de salud, el desempleo y lo que sucedió con los préstamos. Es como comienza el libro de José Luis Sampedro "Conciencia del subdesarrollo": viendo qué se observa cuando se llega a un país "subdesarrollado" y qué significa lo que se ve.
En el segundo caso, se trata de percatarse de que la vieja división binaria Norte-Sur, además de tener el peligro de ser engañosa como muchas dicotomías, puede no ser ya pertinente para un mundo que está cambiando. Cambio de época y no solo época de cambios. Hay quien baja y hay quien sube en la jerarquía mundial, lo cual indica diferentes capacidades para dictar las reglas del juego. Y unos que bajan son los países en vías de subdesarrollo.
Las características de estos últimos son muy parecidas a las de los tradicionales "países en vías de desarrollo". La diferencia fundamental no está en el nivel de desigualdad o de pobreza o de corrupción o de inestabilidad política o de falta de cultura empresarial o del esfuerzo, sino en la dirección opuesta que llevan esos datos en un caso y en otro. Una cosa es, en efecto, el nivel y otra la tendencia, como puede verse comparando el Ecuador con España. De todos modos, no conviene confundir países en vías de desarrollo y "países menos adelantados" según el púdico vocabulario de la UNCTAD.
Muchos de los factores que llevan a unos y a otros en una u otra dirección están fuera del alcance de los respectivos gobiernos. Pero sí es posible "tercermundizar" a un país, es decir, hacerle descender en la jerarquía mundial. Digamos que es más fácil, en esa partida de cartas que es el sistema mundial, perder con buenas cartas (basta jugar rematadamente mal, es decir, cometer errores políticos) que ganar con malas (educación, materias primas, cultura cívica, continentalidad -excepto Suiza- etc.) para lo cual hace falta un análisis muy concreto de los huecos que dejan los demás países.
Que ¿por qué hay casos en los que los gobiernos "tercermundizan" a sus países? Se me ocurre una respuesta (y seguro que hay más): los políticos, en lugar de practicar el "trikle-down", practican el "trikle-up", es decir, se ponen al servicio de una élite poco nacionalista y sí interesada en su enriquecimiento a escala mundial, capaz de extraer "de abajo" lo que les convenga para su mejor situación "arriba".
Efectivamente, estas cosas no suceden como si fuesen fenómenos naturales como los astronómicos. Son resultado de decisiones concretas tomadas por individuos concretos con intenciones muy concretas también y que llevan a comportamientos igualmente concretos. En general, llama la atención que el problema lo causaron unos, pero lo pagan otros en ese "trikle-up" recién indicado. Es, como se ha dicho, lucha de clases de los de arriba contra los de abajo.
Andre Gunder Frank tituló un trabajo suyo "El desarrollo del subdesarrollo" en el contexto de lo que se llamó "teoría de la dependencia". Al cabo del tiempo, escribió otro reconociendo los propios errores pero no abjurando de aquel primer artículo cuyo título habría preferido otro, pero le fue cambiado por los editores. Él habría preferido "El subdesarrollo del desarrollo" y por motivos que comparto: los llamados "estudios del desarrollo" dejan mucho que desear y parece llegado el momento de buscar alternativas. Pero sin negar la realidad, se la llame como se la llame. Y en esa realidad está la constatación de que la ideología propagada por "los de arriba" impide dar respuesta al desafío más importante que tiene la especie humana y que no es el "desarrollo" sino su supervivencia en un medio ambiente destrozado por aquella ideología (y por otras, todo sea dicho), en este caso plutocrática. Pero ya se sabe lo que da de sí esa perspectiva: "después de mí, el diluvio". Nunca mejor dicho.
(Por mi parte, he incumplido el propósito de ayer de no caer en la tentación de resumir lo que he venido diciendo sobre los países en vías de subdesarrollo, sean España o, incluso, los Estados Unidos)

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