miércoles, 19 de diciembre de 2012

Deberes humanos

El poder absoluto tenía como consecuencia que el resto de la gente no tuviese más derechos que el de obedecer. Fue el tiempo de los súbditos que terminó con algunos reyes (en Inglaterra primero y en Francia después) decapitados. Y aparecieron los “derechos del ciudadano”, ya no súbdito. Pero, claro, era muy restrictivo y hubo que ampliarlo a los “derechos del hombre” (“droits de l’homme et du citoyen”), siendo este “hombre” un genérico para la especie humana adulta como el “all men” de la Constitución estadounidense se refiere tanto a varones como a mujeres... cosa que el feminismo ha tachado de discriminatorio por ocultar “a la otra mitad de la humanidad” que todavía carece de derecho a voto en algunos países petroleros ricos (y, por tanto, nada problemáticos si se los compara con los no-petroleros y pobres). Así que pasamos a “derechos humanos” (“human rights”) que, además, tiene la ventaja de que incluye también a los no-adultos, es decir, niños y ancianos.
En esta progresión desde el ciudadano (que se supone que era el que tenía propiedades) al humano, pasando por el “hombre”, no se ha detenido y, de hecho, la Constitución del Ecuador es la primera que incluye los Derechos de la Naturaleza. No se trata de derecho ambiental (necesario donde los haya) ni siquiera de derechos a la Naturaleza (medioambiente, paisaje, limpieza y demás). Se trata de considerar a la Naturaleza como sujeto de derechos. No es la primera vez que se plantea tal cosa. Hay, efectivamente, una corriente de pensamiento que va de Spinoza a Arne Naess que los ha reivindicado de manera sistemática y fundada. Tiene sus detractores, como los tuvieron los intentos de acabar con la esclavitud o de enfrentarse al patriarcado, y esta pelea no está zanjada como lo estuvieron las peleas por “todos los hombres son iguales ante la ley”, “los hombres nacen y permanecen libres” o “los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”.
La historia no se detiene ahí. Un amigo de hace muchos años al que agradezco la idea, aportaba un paso más el otro día junto a un café en la universidad: “Está bien lo de los derechos humanos, pero ¿por qué no planteamos también los deberes?”. No hay derechos sin sus correspondientes deberes. También aquí los deberes podrían recorrer la escala que acabo de indicar: los deberes de los ciudadanos, que ya están relativamente codificados, no tendrían demasiados problemas: el Estado se encarga de codificar los deberes del ciudadano.
Los deberes humanos, en cambio, ya serían otra cosa (dejemos, para otra ocasión, los deberes del hombre) y sería de desear que hubiese una “declaración universal de los deberes humanos”, válida para varones y mujeres, jóvenes y ancianos, súbditos y ciudadanos, pobres y ricos... y ahí está el obstáculo.
Porque los deberes humanos serían los de cada individuo respecto a la Naturaleza, la especie y sus inmediatos. Al fin y al cabo, se trataría de conseguir lo que ya Aristóteles ponía como objetivo: la vida digna... para todos, no solo para los varones, jóvenes, ciudadanos y ricos.  
Pero sin llegar a esos extremos que, evidentemente, nos llevan a las clases sociales (que, como las meigas, haberlas háylas), si los derechos humanos se encuentran en el lamentable estado en que están, en buena parte se debe a la cantidad de gentes que no cumplen con esos deberes humanos respecto a la Naturaleza (tenga o no tenga derechos) y respecto a los demás. ¿Razón? Una más que evidente y que le comenté a mi amigo con el que conversaba en aquella cafetería: “¿Ves todos estos jóvenes?”, le decía, “Pues todos son muy conscientes de sus derechos, pero no les hables de sus deberes, que de eso no quieren oír ni una palabra”.
Reconozco que exageré, pero no iba tan desencaminado. Puedo pensarlo de muchos de los estudiantes que en aquel momento deambulaban por la cafetería, pero podría añadirlo respecto a los dirigentes y acomodados que siguen actuando como sus antecesores: “Después de mí, el diluvio”. O respecto a los países enriquecidos que siguen explotando a los empobrecidos y que confunden “competitividad” con “uso de la fuerza”. O de nacionalistas (tanto los que buscan su nación -como los españolistas- como los que buscan su estado -como los catalanistas o los aberzaleak-) muy conscientes de sus derechos, pero ciegos para plantearse deberes. Y así sucesivamente.
También hay quien dice que todo derecho comporta un deber. Por ejemplo, los demás tienen el deber de respetar mis derechos. ¿Lo cumplen?
(Publicado hoy en el diario Información - Alicante -)

No hay comentarios:

Publicar un comentario