sábado, 22 de diciembre de 2012

Cuando la profecía falla

No es la primera vez que se ha hecho una profecía, con fecha exacta, sobre el fin del mundo. Pero a propósito de esta última vez, hay aquí una serie de reflexiones a partir de los estudios de Festinger sobre otra profecía apocalíptica. En aquel caso, los investigadores estuvieron como observadores participantes en grupos que estaban totalmente convencidos de que iba a suceder en aquel entonces, cuando, como en algunas variantes de la fábula actual, se hacían participar a los extraterrestres.
¿Qué hacer cuando la profecía falla? Pues lo mismo que hacemos (el plural es categórico: me incluyo) con nuestras convicciones: aceptamos los datos que las refuerzan (incluido exponernos a los medios que van en la misma línea) y rechazamos los que las ponen en duda o incluso las debilitan notablemente. Y cuando la evidencia es total (es decir, cuando el mundo no se acaba), buscamos explicaciones que mantengan la convicción previa: si el mundo no se ha acabado es porque algunos valerosos hemos (ahí no me incluyo) creído que iba a suceder y hemos conseguido un ambiente que generase fuerzas (incluso cósmicas) que lo retrasasen. Es decir, teníamos razón aunque la profecía no se haya cumplido.
En esas convicciones actuamos no como científicos sino como abogados: no buscamos la verdad mientras rechazamos los errores, sino que procuramos defender nuestro caso (si acusadores, solo los hechos que sirven a la acusación; si defensores, solo los hechos que muestran la inocencia del acusado). 
Y eso es particularmente evidente en casos en los que la sociedad está particularmente polarizada, a favor y en contra de una determinada cuestión. O cuando el grupo en el que uno tiene ancladas sus convicciones (que no se pueden mantener individualmente ya que carecen de base contrastable y verificable) se siente amenazado. Lo he visto, estos días pasados, a propósito del buey y la burra en el lugar de nacimiento de Jesús de Nazaret. La respuesta de algunos creyentes a las chanzas de los descreídos (esto es importante: los descreídos, por definición, fueron creyentes) ha sido, en algunos casos, patética por el tipo de argumentos utilizados, que pretenden ser de validez universal cuando solo son válidos para los que comparten la creencia.
(Añadido el 25 de diciembre: Paul Krugman también usa el libro "When prophecy fails"  para los que profetizaban una catástrofe económica... si no se aplicaban las medidas por ellos predicadas. El caso es diferente, pero el mecanismo mental es el mismo)

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