lunes, 17 de diciembre de 2012

Así funciona la cosa



Desarrollado aquí para los Estados Unidos hablando sobre esas "puertas giratorias" que hacen que gente de empresa acabe en la política y gente de la política acabe en puestos relevantes en las empresas.
En teoría, política y economía son dos campos diferentes regulados de forma distinta. El primero tiene que ver con la toma de decisiones colectivas y con el poder y su regulación en una determinada sociedad. El segundo se refiere a la gestión de la escasez de forma que el gestor consiga maximizar sus beneficios de manera continua (como la bicicleta, si dejas de pedalear, te caes las más de las veces, a no ser que vayas cuesta abajo y, si no tienes frenos, ya sabes lo que te va a pasar). Si se prefiere, "acumulación incesante de capital".
Sin embargo, en la práctica, y para puestos relevantes en uno y otro campo, las personas son intercambiables: políticos que pasan a consejos de administración o a puestos importantes en empresas más o menos multinacionales y empresarios (por ejemplo en las finanzas o en el armamento) que pasan a ocupar puestos notables en gobiernos o parlamentos. El artículo que cito da algunos ejemplos sintomáticos para los Estados Unidos. Pero no sería difícil darlos para el Reino de España. Italia (con mucha más resonancia mediática), Francia, Alemania o Inglaterra. La presencia de grandes empresarios en el comité central del partido comunista chino no es algo tan diferente al caso de ex-cancilleres alemanes asesorando a empresas gasísticas rusas.
Y cuando un hecho se repite en varios países es que puede llamarse "sistémico", es decir, que, aunque tenga las coloraciones locales que diferencian a un chino de un alemán, comparten características que se derivan del sistema mundial en que se encuentran todos insertos.
En ese sistema (conjunto de interacciones que se producen en una estructura que, a su vez, es el conjunto de relaciones estables entre actores) pueden distinguirse los campos de la política y de la economía. De hecho, son departamentos diferentes en toda universidad que se precie. Pero eso mismo ya tendría que levantar sospechas sobre el carácter ideológico (en el sentido de ocultador de la realidad "real", la de "los hechos son tozudos") que tiene extremar la diferenciación entre dichos campos que salta por los aires cuando se plantea la cuestión de la "puerta giratoria". 
Por supuesto que no todo político acaba en la empresa ni todo empresario en la política. Pero ése es un rasgo más de este sistema: su carácter jerárquico. Se llega a la política desde determinados sectores y se llega a la empresa desde determinados cargos. Y ese carácter piramidal es el que da sentido a algunas de las decisiones que se toman en uno u otro campo y que, en realidad, responden a intereses de ese punto en que los dos campos se solapan en personas concretas.

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