domingo, 16 de diciembre de 2012

Acabar con el capitalismo

El presidente de google, empresa semi-monopolista en la que está anidado este blog, ha sido muy explícito al hablar de sus prácticas en el terreno de la fiscalidad:
“It’s called capitalism. We are proudly capitalistic. I’m not confused about this.”
Lo cual me crea una cierta disonancia con el pasquín o cartel que he visto pegado en la pared, firmado por un determinado grupo político español, y que decía:
Acabemos con el capitalismo
Derrotemos a la oligarquía
No me queda claro cómo se puede derrotar a la oligarquía. Ya no hay bastillas ni palacios de invierno que tomar y me pregunto si abandonar este blog y emigrar por segunda vez serviría de algo. Más difícil todavía veo lo de acabar con el capitalismo que no se ve factible, mientras no se diga cómo hacerlo y, si puede ser, con qué sustituirlo (esto es menos importante: puede ser con algo peor) y, sobre todo, quién o quiénes somos esos "nosotros" que nos proponemos derrotar a la oligarquía.
Los bienintencionados autores del cartel me recuerdan la historia de los ratones (minoritarios no en cantidad, sino en poder) haciendo una asamblea para solucionar su problema con los gatos (esos sí poderosos) y resolviendo que para acabar con el peligro de los gatos había que "derrotarlos" mediante un simple artilugio que avisaría a los ratones de la presencia del gato: un cascabel. Obviamente, si los gatos se quedaban sin alimento, no solo serían derrotados sino que desaparecerían. El problema, como es sabido, fue el de "quién le pondrá el cascabel al gato". Sin resolver ese pequeño problema, el cascabel es un caso más de "wishful thinking" o de "omnipotencia de las ideas": creer que si se desea algo con mucha intensidad, se logrará de todas todas.
¿Qué opciones hay? La primera y más evidente es la de no engañarse meditando sobre los distintos tipos de cascabel y peleándose entre los partidarios de un tipo de cascabel y los partidarios de otro (forma, tamaño, material, sonido). Y ahí ya la tenemos montada ya que cada cual defenderá a capa y espada la bondad intrínseca del propio cascabel, como bien puede saberse leyendo a determinados autores clásicos que hablan del mismo. No parece que vaya a haber acuerdo.
En segundo lugar, no engañarse suponiendo que las "oligarquías" beneficiadas por ese "capitalismo" son "tigres de papel". No lo son: tienen capacidad económica, influencia en los medios, recurso a la fuerza (incluido el pistolerismo "soft") y obedientes políticos. No son dioses (omnipotentes, omnipresentes y omniscientes), pero tampoco son, como digo, "tigres de papel".
En tercer lugar, refugiarse en lo local "fuera del sistema". Habrá quien pueda y habrá quien no. 
En cuarto lugar, esperar que "acabemos siendo mayoría" o, en cualquier caso, acabemos teniendo capacidad para ponerle el cascabel al gato. Es cuestión de tiempo, de preparación, de estudio, de organización, sabiendo que no va a ser cosa de pasado mañana.
En quinto lugar, siguiendo el dicho de Susan George, practicar el "efecto Drácula": poner al sol al vampiro para que su mera puesta en evidencia por lo menos le vaya erosionando. Pero poner al sol las vergüenzas del capitalismo y su oligarquía puede quedarse ahí ("acabemos", "derrotemos", "pongámosle el cascabel") o puede aplicarse también los "anti-capitalistas", a sus autoengaños, a sus riesgos de "rebelión en la granja" (Animal Farm, de Orwell) y a su complacencia intelectual creyéndose mayoría y no lo son.

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