miércoles, 14 de noviembre de 2012

Las caras de la huelga


Se podía prever mucho antes de su convocatoria oficial el mes pasado. De hecho, el anuncio de la correspondiente huelga general portuguesa ya me hizo revisar mis planes de viaje a Bolivia, viaje que, después, se abortó cuando se supo que el próximo día 21 es allí  día del censo nacional, cosa que paraliza al país todavía más que una huelga general como la de hoy.
Los interesados en esa área, supongo que disfrutarán comparando la cobertura que le vayan a dar los medios gubernamentales, pro-gubernamentales y para-gubernamentales, y más ahora en que estamos volviendo a los tiempos de aquel Urdaci que tuvo que leer tan a desgana el fallo del tribunal como para decir aquello de “Ce-Ce-O-O” para referirse a Comisiones Obreras. Los no interesados, bastante tendremos con la disparidad de estimaciones “científicas” del seguimiento, que oscilarán, tendencialmente, entre el 100 por ciento según los convocantes y el 0 por ciento según el gobierno, sin que sirva para nada la media aritmética entre ambas estimaciones y sin que lleve a nada la discusión sobre los servicios mínimos: que si fueron excesivos, que si fueron seguidos “religiosamente” y demás temas que adornan estas convocatorias. El tema, entonces, tiene dos caras. O, para ser exactos, tres.
La primera es la de los sindicatos que convocan esta huelga “europea” para protestar por unas políticas con las que no están de acuerdo. Es la parte expresiva del asunto. Hay gente cabreada, indignada, inquieta, asustada y menguada en sus posibilidades y quieren expresarlo sea en la huelga si todavía no están desempleados, sea en la correspondiente manifestación si ya lo están. Las explicaciones del tipo “hacemos lo necesario”, “nos importa el interés general” o “no hay alternativa” (esto último citando a la después Lady Thatcher) no les impresionan. Quieren detalles y solo encuentran la estrategia del miedo: “si no lo hacemos, será peor”.
Pero los sindicatos también plantean objetivos. Es decir, según algunas convocatorias, la huelga es para conseguir algo, no solo para mostrar descontento. Ese algo ya se planteó en manifestaciones anteriores: un referéndum sobre las políticas de austeridad y el ajuste que exige la “troika”. Es el modelo islandés, si se prefiere, pero ha tenido que ser puesto en solfa después de que el gobierno, desde Bucarest, dijese el mes pasado que la austeridad iba a acabar y había que seguir a Hollande (socialista) y bregar hacia el crecimiento. Sinceramente, no creo que tenga mucho sentido plantear un referéndum precisamente ahora con la que está cayendo (ni éste, ni el catalán, dicho sea de paso, aunque ya he dicho que a este último sí le veo sentido, pero no para mañana). Los acontecimientos se aceleran y no veo para qué serviría un referéndum fuesen los que fuesen sus resultados: si gana el SÍ al gobierno, estamos donde estábamos, pero con un interregno de campaña de por medio; y si gana el NO, el interregno puede ser mayor porque o el gobierno hace oídos sordos y se escuda en su cómoda mayoría absoluta o el gobierno dimite con lo que el interregno es todavía mayor y no parece que la cosa esté como para no ir tomando decisiones sobre un entorno cambiante, entorno que resulta estar fuera del país y muy lejos del alcance de cualquier gobierno que, en la mejor de las hipótesis, lo más que puede es intentar adaptarse con el menor daño posible y, entre ese daño, está el daño electoral que es uno de los objetivos de todo partido que se precie como se vio con los presupuestos y las elecciones andaluzas y pareció verse con el rescate y las elecciones vascas y gallegas y estamos viendo con los enredos previos a las catalanas.
La otra cara es la de los medios del entorno gubernamental (propios o asociados o simpatizantes). No se les ocurre llamar irresponsable a un gobierno que antepone sus intereses electorales a los  “intereses generales”. Los irresponsables, según estos medios, son los convocantes. Ninguna referencia a los millones de desempleados, ni al creciente número de personas condenadas a la caridad porque sus derechos (a la salud, a la educación, al trabajo) no se respetan. Lo que dicen que tendrían que hacer los sindicatos es  no tener liberados vagos ni subvenciones: autodisolverse. Aunque eso no se dice de las patronales y su tradición de cargos problemáticos, hay que acabar con aquellas organizaciones imprudentes que solo saben derrochar y, ahora, ser irresponsables. En una crisis económica como la actual, dicen, lo que hay que hacer es trabajar. Ojalá.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

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