sábado, 3 de noviembre de 2012

ONG

Ahora toca Rusia. Antes fue Bolivia y el interesante "oenegismo, enfermedad infantil del derechismo" que publicó su vicepresidente (mucho antes de que el presidente recibiese a la reina de España, representando a los donantes). Unos los ven como derechistas y otros como izquierdistas, así que habrá que intentar ver qué sucede ahí. Enumero alguno de los elementos a considerar, algunos ya reseñados en el prólogo de Compasión y cálculo que se publicó en el 98 (1998, no 1898)
Que haya gente que crea que, por estar en una ONG, ya puede ir repartiendo certificados de "buena conducta", no quiere decir que todos lo hagan. Es cierto que la petulancia de algunos oenegeros es molesta por falta de fundamento (generalmente, como toda petulancia), pero no todos se sienten tocados por el dedo de la divinidad como para sentirse por encima de todos los demás.
Que haya gente que haya utilizado las ONG para el lucro personal  y la corrupción y hasta para el narcotráfico, no significa que no haya voluntarios generosos, entregados y hasta heroicos.
Que haya oenegeros que, conscientes de su superioridad civilizatoria, van por el mundo trasmitiendo sus propios valores y forzando su aceptación mediante la "ayuda" que prestan, no excluye que los haya sumamente respetuosos con lo que se encuentran y puedo añadir que hasta misioneros católicos he conocido que se acercaban a los "misionados" con el mínimo de etnocentrismo posible (la ausencia de etnocentrismo es imposible) y se planteaban aprender de ellos más que enseñarles la verdad de importación.
Que haya ONG que sustituyen al estado y trasforman lo que es un derecho (a la educación, a la sanidad, a los servicios sociales básicos) en un resultado de la caridad, la solidaridad o cualquier otro valor del "donante", no significa que, desde el punto de vista del "receptor", le tenga sin cuidado si es un derecho o es un regalo ya que lo que le importa es tener esa necesidad satisfecha.
Hasta ahí, los gobiernos están tranquilos, sobre todo en este último punto, sobre todo si sucede que la cooperación es "el dinero de los pobres de los países ricos que acaba en manos de los ricos de los países pobres" aunque no sea más que porque responde a necesidades cuyo coste el estado se ahorra y puede así dedicar esos dineros a otras cosas.
Lo que irrita particularmente a los gobiernos es que las ONG añadan a su labor humanitaria un trabajo de denuncia. Y eso sí que no.
Es obvio que es imposible ver el mundo con ojos distintos de los propios y es casi inevitable que los propios valores se cuelen subrepticiamente en la actividad cotidiana. Es comprensible y los gobiernos podrían entenderlo. Lo que no están dispuestos a entender y menos a tolerar es que se pongan a criticar lo que hacen esos gobiernos. Cierto que los extranjeros, como mejor están es calladitos. Pero no es fácil ni ese silencio y, cuando se rompe, que los gobiernos se queden tan tranquilos. Los españolitos harán bien recordando cómo han reaccionado diversos gobiernos de diversos partidos en las Españas cuando ONG han denunciado la tortura en las cárceles o los excesos policiales contra los manifestantes, asunto éste común con otras familias, solo que éstas, como en Israel o en Francia, lo reconocen y persiguen a los presuntos culpables.

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