viernes, 23 de noviembre de 2012

Gaza: no siempre gana mi equipo

Porque se trata de dos cosas distintas. Una es de parte de quién puede estar uno. El modo de describir a las varias partes que tiene el conflicto ya indica una opción previa como puede ser "los judíos amenazados" o "los palestinos 'encarcelados' (en Gaza)". Abundan las evaluaciones de lo sucedido en términos de dar la razón a los que uno está de su parte. Siempre hay algún razonamiento (en casi todos ellos) que vale la pena tener en cuenta, pero, desgraciadamente, ni siquiera la enumeración de sucesos acaecidos es definitiva. Los partidarios de unos eligen unos datos  y los partidarios de los otros eligen otros datos, por ejemplo, cuándo iniciar la narración y hay quien se remonta a Moisés o quienes prefieren comenzar con la última serie de misiles gazatíes y la lógica respuesta israelí.
Esta toma de partido puede ser algo más sinuosa, en particular cuando se recurre a generalizaciones del tipo "judíos y musulmanes" (como si los que componen cada una de las partes fuesen adeptos a las respectivas religiones y no hubiese "judíos" ateos o palestinos cristianos) o incluso "israelíes y palestinos" (hay israelíes árabes y hay palestinos de Hamás y de Fatah, y esto último es importante incluso históricamente, no solo coyunturalmente). Estas generalizaciones son las que, después, permiten la acusación de "equidistancia", es decir, de una actitud que intenta entender lo sucedido sin elegir los datos que encajan con el propio "parti pris".
De todos modos, hay generalizaciones peores: la de encontrar al "imperialismo" también en estos sucesos. Que se encuentre al "sionismo", pase. Pero al "imperialismo" ya es un poco exagerado, sin querer decir por ello que el gobierno de los Estados Unidos y el lobby judío estadounidense no tenga que ser introducido en el esquema general si quiere entenderse qué ha pasado.
Sin embargo, debería de ser posible responder a esta simple pregunta: quién ha salido beneficiado con esta violencia última, muertes y destrucción incluidas. Para ello no hace falta preguntarse por quién tenía o tiene razón y quién es culpable de qué, sino, sencillamente, se trata de ver qué implicados en el conflicto están ahora mejor o peor que antes en los términos de los objetivos buscados por cada uno de ellos. 
Y resulta que la respuesta no es tan fácil. Ni siquiera con respecto a Hamás hay unanimidad y ahí es donde se ve la necesidad de huir de generalizaciones y preguntarse si Hamás ha salido reforzado (incluso frente a Fatah), si Fatah ha perdido (en su porfía ante la ONU), si el gobierno de Natanyahu (y su alianza con Lieberman) ha mejorado sus perspectivas electorales o si el gobierno de Egipto ha logrado un reconocimiento. Y qué ha sucedido con la política de los Estados Unidos (la Unión Europea, "ni está ni se la espera"). Los muertos, ciertamente, no han ganado. Sus familias tampoco. Pero sí tiene sentido ver qué ha sucedido con cada una de las partes implicadas en el asunto. 
Pues bien, ahí van tres intentos que pretenden ser equilibrados de evaluar lo sucedido. Si se tiene la paciencia de leerlos (y, con mucha más razón, de darles un vistazo) y se leen sin pensar "cuál es mi equipo" al que tengo que defender, se verá que tampoco es tan fácil establecer ganadores y perdedores (excepto, como digo, las víctimas). 
El primero viene de Ha'aretz, el periódico israelí ("progre", eso sí) que suelo seguir. Es de admirar el intento de dar las distintas versiones del asunto, y presentar la perspectiva palestina, la de los inmigrantes (en Israel) o la de los Estados Unidos. Según algunos de los que intervienen, la situación de Hamás ha mejorado.
El otro es el Foreign Policy , revista estadounidense (no tan "progre") que también sigo. En particular un artículo, escrito por persona con nombre y apellidos "judíos", en el que establece que Hamás se equivocó y que ha empeorado.
Y el tercero es un artículo en Le Monde, matizando a la manera de "on the one hand / on the other hand", escrito en buen francés como corresponde.
Claro que me gustaría saber quién tiene razón en estas evaluaciones. Pero me resulta imposible ya que los datos de que puedo disponer nunca serán directos, sino que vendrán filtrados hasta por los que quieren presentar la complejidad del asunto y, como los tres anteriores, no caen en simplismos. ¿Qué me queda? Pues el piradeliano "Così è (se vi pare)", una pieza de teatro que debería ser de obligada visión (o lectura) para los que llegan rápidamente a conclusiones después de haber accedido a una sola fuente: la del propio equipo, por supuesto.

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