miércoles, 7 de noviembre de 2012

Entender al otro

Un profe de Berkeley que estuvo en cargos públicos constata la polarización de su país: geográfica y socialmente, la política les separa. Dice rechazar determinadas ideas, pero no a las personas que las profesan y reconoce que no es lo más frecuente: se rechaza también al que tiene ideas diferentes a las propias, de origen oscuro pero remachadas por los medios de comunicación afines con la propia ideología. Se pregunta por el origen de esta polarización y lo encuentra en la pérdida de estatus por parte de capas importantes de la sociedad estadounidense y en la frustración que tal pérdida genera sobre todo, dice, entre varones blancos de clase obrera. Y para la frustración, nada "mejor" que un chivo expiatorio proporcionado, de manera oportunista, por los políticos que pescan a río revuelto. Razas (si son inferiores es que yo soy superior), sexualidades (atacando a los homosexuales me evito el plantearme si no lo seré yo también), sexos (las mujeres nos están comiendo el terreno), orígenes (la culpa de todo la tienen los inmigrantes -legales e ilegales-), religiones (el país se está islamizando y hay que defenderse de esta "yihad cultural" que acabará colonizándonos -este asunto es particularmente útil ya que proporciona una fuente adicional de inseguridad y una necesidad adicional de chivo expiatorio).
No es tan diferente de lo que observo en las Españas, de ahí mi interés en entender las posiciones diferentes a la mía sin por ello abandonar mis propias ideas. Por suerte, pertenezco a una organización, los rotarios, que hace que tenga amigos con los que comparto mesa y mantel pero no determinadas ideas con todos ellos. Entender al otro es todo un proyecto en un mundo que se está polarizando a medida que la crisis afecta a los países centrales y cuya crisis "gotea" hacia los restantes, incluidos los emergentes. Y entender al otro, sin por ello abjurar de los propios principios, es una necesidad en países que se polarizan. En la vieja tradición católica se decía algo así como "estar contra el pecado, pero no contra el pecador". Supone una forma de superioridad autoadjudicada por parte de quien lo hace. Algo es algo: mejor que enviarlo a la hoguera de una Inquisición que cumplía con funciones parecidas a las indicadas más arriba respecto a los chivos expiatorios (brujas, herejes, homosexuales, falsos conversos).

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