lunes, 29 de octubre de 2012

Desconfíe de las encuestas

Ayer leí un raro reportaje sobre las "leyendas urbanas" en torno a la universidad española. Muchas palabras biensonantes como "científico", "empírico" y cosas por el estilo. No sé quién ha hecho la encuesta a la que se hace referencia ni sé si el periodista recoge acertadamente lo que de verdad se dice en dicho estudio.
Tomar como "realidad" lo que dicen los encuestados no es un buen principio. Una vez más: si en tiempos de Galileo hubiesen hecho una encuesta sobre quién daba vueltas y quién estaba quieto si la Tierra o el Sol, más del 99 por ciento habría dicho que el Sol se mueve y la Tierra está quieta: basta verlo. Preguntar a un universitario si cree que los "enchufes" sirven para abrirse paso en la vida (cosa que, por cierto, creo que es así) lo que contesten mayoritariamente no es una prueba de que dichos "enchufes" sirven, sino, simplemente, de que eso es lo que creen mayoritariamente los universitarios encuestados. ¿Estudiar lo que se prefiere mejora el rendimiento? Creo que sí, pero preguntarlo a los universitarios no es prueba de que así sea. En ese caso, habría que comparar el rendimiento (no las opiniones) de los que estudian lo que prefieren y los que han tenido que elegir otra carrera porque su nota no daba para elegir la primera, en cuyo caso se puede dudar si el rendimiento es por no haber podido hacer lo que querían o porque no tienen una preparación previa como para obtener una nota por encima de la nota de corte.
Copio el final del reportaje, que me ha dejado con los ojos a cuadros:
Los resultados ponen de manifiesto, según sus autores, la necesidad de cuidar la orientación de los planes de estudio a la realidad del mercado laboral, la importancia de participar en actividades de formación complementarias de formación de las universidades o que la participación en el programa Erasmus no suponga un obstáculo en la nota media del expediente académico. Se señala de forma categórica que deben modificarse ciertas características del mercado laboral para lograr una mayor accesibilidad en igualdad de condiciones para las universitarias.
Insisto en que no he visto el estudio, pero me extrañaría mucho que de las dos mil y pico encuestas realizadas en seis universidades se puedan extraer tales asertos, algunos de los cuales o son muy discutibles o son una obviedad para la que no hacía falta una costosa encuesta.
Pero es que ni siquiera se puede tomar como "realidad" una determinada intención de voto (cambio de país y de tema). La intención de voto es eso: intención. No es voto, que ése sí será realidad (dentro de un orden). La ventaja, aquí, es doble. Primero, que se pueden comparar estudios parecidos llevados a cabo por empresas diferentes. Aquí hay un buen ejemplo a propósito de las elecciones estadounidenses del mes que viene. Y, sobre todo, que el 7 de noviembre se sabrá qué empresa ha logrado mejores estimaciones de voto a partir de las intenciones, previa "cocina" de los indecisos y los "no contesta" que sí van a votar pero que no han respondido al encuestador.
Las encuestas prueban muy pocas cosas, siendo optimista. Mejor tomarlas con cautela y, como los anuncios de alcohol, bajo su responsabilidad. Y lo digo como usuario sistemático de las mismas.
Caso particular: nunca se podrá saber si la unión electoral de Netanyahu y Lieberman (Likud y Yisrael Beiteinu) de cara a las elecciones de enero producirá mejores resultados que si fueran separados. Una encuesta dice que obtendrían, juntos, 35 escaños, siete menos que los que tienen ahora. Pero es obvio que, para responder "científicamente" y "empíricamente" (como dicen los de la primera noticia) necesitaríamos un imposible: hacer las elecciones en esa alianza Likud-Beiteinu y repetirlas, tal cual, pero con ambos partidos por separado. Como eso no es posible, no hay más remedio que aguantarse y saber que vamos a tientas y que, igual que en las encuestas estadounidenses que critica la segunda noticia, igual hay aviesas intenciones en esa predicción. El que también se anticipe que los laboristas podrían obtener 23 escaños es un argumento para no desconfiar tanto. Pero aquí no se produce lo del "condenado por desconfiando". Mejor desconfiar.
Dicho lo cual, no deja de ser interesante saber que, según otra encuesta, los israelíes judíos preferirían que ganase Romney mientras que los israelíes árabes preferirían que ganara Obama. Curioso ¿no?

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