lunes, 22 de octubre de 2012

Campañas, votaciones, resultados

Voy a empezar con los Estados Unidos, donde, desde el New York Times, se recuerda que estarían llamados al fracaso electoral los candidatos que dijesen la verdad sobre su país: primeros en PIB y gasto militar, pero con pobreza infantil, tasas de encarcelamiento, movilidad social, resultados escolares, obesidad y otras muchas variables que lo dejan a un nivel deplorable y preocupante. 
Normal. En las recientes campañas españolas un partido independentista vasco hablaba de dejar de depender de Madrid, pero no decía que "en Europa" se depende, y mucho más, de Berlín y Bruselas (por ese orden). Lo interesante, en las campañas, no es lo que se dice sino lo que no se dice. Y vale para todos.
Vaya por delante que, en estos últimos años, he votado por tres partidos diferentes según las circunstancias, lo que me apetecía expresar (disgusto, simpatía, rechazo), lo que intentaba conseguir (uniendo mis votos a otros para conseguir que ganase uno o que no ganase otro) y a lo que me llevaba la pereza intelectual. Como todo el mundo, excepto los forofos-forofos.
Quiero decir que, para analizar los resultados de unas elecciones como las de ayer en Galicia y el País Vasco (el País Vasco español o las Vascongadas, según denominaciones extremas), habría que saber cuántos electores se clasifican en los grupos en los que me he autoclasificado en el párrafo anterior: expresivos, racionales con respecto a fines, racionales con respecto a valores o identificados con un partido de manera consistente a lo largo del tiempo. No tengo esos datos y supongo que alguien los tiene. Que los disfrute.
Lo que sí tenemos (y abundan en la prensa de hoy) son análisis en términos de poder: quién gana como para formar gobierno aunque haya perdido escaños, como sucede con el PNV en el País Vasco y quién va a seguir gobernando, el PP en Galicia solo que con mayor comodidad parlamentaria.
Y abundan las habituales arrimadas del ascua de los resultados a la sardina de sus intereses partidistas. El PP, por ejemplo, no considera una disminución de escaños en el País Vasco como rechazo a su política del gobierno central y sí considera la mejora en escaños de su partido en Galicia como un signo evidente de que el pueblo (español) aprueba su gestión. Añado que ya publiqué hace meses que, en España, hay PP para rato.
Y una de las razones es el hundimiento del PSOE ("pobre barquilla mía, sin velas desvelada y entre las olas sola"). Ahí no ha habido modo de que, desde sus sedes centrales, se arrimase la habitual ascua a la habitual sardina. Su irrelevancia crece.
¿Izquierda Unida? Pues desunida o difuminada en una coalición.
¿Qué queda? Nacionalismos sub-estatales tanto en un sitio como en el otro y, por tanto, no extrapolables excepto a Cataluña donde no es aventurado predecir un incremento del voto a CiU en las próximas elecciones autonómicas donde, como es de esperar, no se hablará de algunas cosas y sí de otras.
Pero ¿qué me falta? Pues ver la cuestión no tanto en términos de poder sino en términos de sociedad. No encuentro una comparación entre el número absoluto de votos recibidos por cada partido ahora por un lado y, por otro,  los obtenidos en las anteriores elecciones. En el periódico que ya he visto en papel a estas horas ese dato aparece municipio por municipio, pero no para el conjunto ni, en el caso vasco, para las provincias (que su sistema electoral se las trae).
Volviendo a los Estados Unidos y recordando lo dicho al principio sobre sus silencios, la campaña sigue con aparente empate de votos, aunque, como siempre digo, esos porcentajes hay que verlos estado por estado, dado un sistema electoral que también se las trae. Y puedo avanzar otra predicción: sabremos quién gana (no siempre es así, como sucedió con la primera vez del segundo Bush, cuando Al Gore ganó en votos y perdió... en la corte de Florida), pero no las cifras absolutas. Saber cuántos han votado a uno o a otro no es tan importante a la hora del análisis, pero sí saber cuántos son, en total, respecto a los votantes potenciales (registrados) y respecto a la población en edad de votar. Se puede ser presidente de los Estados Unidos con menos de una cuarta parte de los votos posibles.
(Añadido más tarde, después de búsquedas trabajosas y tontas:
El que pierde, se mire como se mire, es el partido socialista: como 200.000 votos en Galicia y 100.00 en el País Vasco. Pero el PP ha perdido 100.000 en Galicia y casi 20.000 en el País Vasco y el PNV ha perdido 10.000 en el País Vasco. Los cálculos con otros partidos nacionalistas  son más complicados, dada la división gallega y la unificación vasca, así que renuncio. Pero levanto acta de que las pérdidas de voto en Galicia son generalizadas (excepto el nuevo partido de Beiras que, por definición, aumenta). Y habría que ver el voto nulo y en blanco, pero ya lo dejo para los expertos. Yo hago de notario, pero me parece aceptable la idea de que lo que dicen los partidos, excepto el socialista que reconoce su debacle, ha de ser matizado o incluso rechazado por mentiroso, sobre todo si lo que se pretende es "escuchar la voz del pueblo").

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