miércoles, 5 de septiembre de 2012

Sobornos diferidos

Hace un par de sábados, un editorial del “New York Times”, partiendo del cierre del caso judicial contra Goldman Sachs, levantaba acta de algo que puede extenderse a otros países: ni los grandes bancos ni sus ejecutivos van a tener que rendir cuentas por el papel que han jugado en esta crisis. Han podido rodar algunas cabezas, pero ha sido más por abusos o fraudes que por haber llevado, irresponsablemente, a una parte importante del sistema financiero mundial a la situación presente. Y lo de irresponsable en un doble sentido: en el de no haber tenido en cuenta las consecuencias de sus actos y en el de la ulterior falta de exigencia de responsabilidades por los tales. Especulemos.
Lo primero que se me ocurre es ir a ver cómo va la campaña electoral estadounidense. No me refiero a los espectáculos, con o sin huracán, montados en torno a eso que llaman “convención”, un “show” que busca notoriedad y entusiasmar a los ya entusiasmados. No en vano, después de una convención, las intenciones de voto hacia el partido en cuestión, sea Republicano o Demócrata, aumentan en torno a un cinco por ciento. Pero esa exhibición no me interesa lo más mínimo. Se las lleva el viento. En cambio, las donaciones que reciben los partidos no se las lleva el viento: hay que devolverlas con intereses. Por supuesto que no las pequeñas donaciones que, por lo general, rondan la cuarta parte de lo que ingresa el candidato. Me refiero a las grandes y, sobre eso, hay algunos datos interesantes. Unos, como los del Center for Responsive Politics, más sistemáticos; otros, puntuales y solo sintomáticos.
De entrada, estamos hablando de cifras considerables. Se calcula que el coste total de esta campaña podría alcanzar un total cercano a los 2.500 millones de dólares (500 millones solo en anuncios de radio y televisión). Y para eso hace falta ingresar muy por encima de los fondos federales que se proporcionan a los partidos una vez conocidos los resultados.
Pues bien, a finales del mes pasado, antes de la convención republicana por cierto, el primer contribuyente a la campaña de Mitt Romney era Goldman Sachs (676.080 dólares entre los comités, ejecutivos y empleados de dicha empresa). Los otros cuatro, hasta tener la lista de los cinco primeros, eran entidades financieras (JPMorgan, Morgan Stanley, Bank of America y Credit Suisse Group que, para hacerse una idea “solo” había contribuido con 427.560 dólares). Lo de Obama, en cambio, comenzaba por la Universidad de California, seguía con Microsoft y Google, después  iba una bufete jurídico internacional (DLA Piper) y llegaba al quinto puesto con otra universidad: Harvard. Los cuatro primeros donantes a Romney lo hacían con más “esplendidez” que cualquiera de los de Obama.
Los ingresos de campaña son, en realidad, mayores que los que reconocen los respectivos candidatos aunque su nivel de trasparencia, a decir de “Open Secrets”, es aceptable. Hay, de todos modos, otras formas de apoyar la campaña, por ejemplo a través de anuncios en televisión pagados directamente por las empresas o los individuos y que no pasan por la contabilidad de los comités electorales. En todo caso, la diferencia entre los dos candidatos es sintomática y, por más que, de momento, la carrera va muy empatada, sigo pensando que la crisis tendrá el mismo efecto que en otros países: una cosa es castigar a los causantes (se irán de rositas) y otra cosa es hacer pagar a los gobiernos su gestión de la crisis. Es decir, sigo pensando, aunque la cosa ya no esté tan clara, en la derrota de Obama.
Añado un dato sintomático: Sheldon Adelson y su esposa, habían dado, ya en junio, 10 millones de dólares a Restore Our Future, un “super lobby” que apoya a Mitt Romney, lo cual convierte al promotor de Eurovegas de Madrid en el mayor donante en esta campaña.
Para algunos sectores concretos, como el de las finanzas, se ha hecho, en los Estados Unidos, un seguimiento de las decisiones políticas en función de las donaciones recibidas. Así,  un informe de “Global Exchange”, concluye que hay “cimarrones”, pero que, en general, el “agradecimiento” al donante es la norma. Y hay casos extremos, como en el gobierno de Bush II, de sospechoso apoyo a la industria química claramente relacionable con donaciones anteriores.
No les critico: les admiro. Me encantaría disponer, para las campañas españolas, de tantos datos aunque fuesen tan problemáticos como los anteriores. Saber quién contribuye (Banco, empresario) y cuánto, aunque no sea más que con préstamos impagables.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-. La convención republicana ha sido excepcional -solo ha habido dos casos así en la historia demoscópica del país- y no ha ido acompañada de un incremento notable de la intención de voto hacia Romney. Añadido el 11-S: en cambio la convención demócrata ha cumplido con la regla general y, según Gallup,  la intención de voto hacia Obama ha aumentado -¿temporalmente?- según ha sucedido en anteriores convenciones. Queda todavía un largo trayecto hasta noviembre)

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