viernes, 21 de septiembre de 2012

Romney puede ganar

Robert Reich, nada sospechoso de republicano, da cuatro razones por las que, a pesar de que, ahora, es Obama el que puede ganar, todavía podría ganar Romney.
La primera es la que me ha hecho pensar durante tiempo que Obama las tenía crudas, a saber, la economía en general y el desempleo en particular. Quedan todavía varias publicaciones de la tasa de desempleo y todo parece indicar que, por encima de los afeites estadísticos, la tasa va a aumentar y eso juega contra Obama.
La segunda es que, de ahora a las elecciones de noviembre, va a haber tres debates presidenciales. No tengo tan claro que esto sea definitivo. Primero, porque el "piquito de oro" de Obama parece superior al de Romney. Y si se trata de encantar serpientes, Obama puede hacerlo mejor. Pero es que me parece que una cosa es el impacto mediático que pueden tener los debates (después de los cuales siempre hay un "ganador" y un "perdedor", aunque se suelen ver según el color del cristal -ideológico- con que se miran), no creo que tengan un peso determinante en la decisión de voto. Incluso constantes muy respetables, como la de que después de la convención hay aumento de intención de voto, este año no han funcionado con los republicanos.
La tercera es fuerte: de aquí a noviembre, los anti-Obama (que no quiere decir pro-Romney en cuanto tal) van a dedicar una montonada de dólares en publicidad directa, indirecta y mediopensionista. Y tienen muy buenos agentes, como Rove. No se crea, de todos modos, que todo es dinero. Se puede perder unas elecciones habiendo gastado mucho más que el vencedor. Pero es obvio que el dinero ayuda. Y algunos, en los Estados Unidos, llegan a decir que ayuda a que los estadounidenses sigan siendo estúpidos (sic!)
Y la cuarta, en otros países, se llamaría fraude electoral. En los Estados Unidos se llama "disenfranchising", las manipulaciones del censo electoral para que los colectivos que suelen votar en una determinada dirección tengas dificultades para votar si son "de los contrarios" o tengan todas las facilidades del mundo si son "de los nuestros". La operación, a lo que dicen, ya está en marcha y forma parte de todo aquello que hace que Jimmy Carter hable de este proceso electoral como "el peor del mundo"
La ventaja de estas elucubraciones es que tienen fecha de caducidad que, todo sea dicho, no coincide con el día de las votaciones como bien se vio con el fraude de la primera presidencia (no se le puede llamar "primera victoria") del segundo Bush. Sigo pensando que veremos al tercero. Dentro de cuatro años. Pero eso sí que es un "largo me lo fiáis".
(Añadido el 29: Un artículo en la línea de mi desconfianza sobre la capacidad de los debates para cambiar la intención de voto)

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